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20 de marzo de 2011

Perlas de sabiduría (20). Mariposa


"La felicidad es una mariposa que no se deja atrapar, 
pero si te sientas tranquilamente,
puede que se pose en tu mano"
                                                      Nathaniel Hawthorne

16 de marzo de 2011

Donde el corazón nos lleve


Me gusta leer Biografías de gente relevante de cualquier época de la historia. Sus vidas, sus hazañas, sus logros, sus fracasos reiterados seguidos de sus éxitos puntuales me inspiran, me motivan, me ayudan a pensar que si ellos lo han conseguido  yo también puedo, a menor escala, pero seguro que también puedo llegar donde me proponga. La mayoría de personas de las que leo su vida, las intuyo felices, satisfechas, como si hubieran sido capaces de encontrar el camino a seguir, su misión en esta vida.  Saber para que hemos nacido, saber cual es la misión de uno, sentirse fluir con lo que se hace, ser capaces de hacer de nuestro trabajo diario un hobby o de nuestro hobby un trabajo renumerado, es algo que cada cual debería descubrir dentro de su propia vida.  Leyendo sobre Steve Jobs, encuentro su famoso discurso de graduación en la Universidad de Stanford que pronunció en junio del 2005 y del que extraigo:
 “A veces,  la vida  te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para la gente que queréis. El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideréis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hagáis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os conforméis. Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado. “
Y tal vez todo sea tan sencillo como ir  donde el corazón nos lleve, hacer lo que nos gusta, lo que nos alegra, lo que nos hace felices y así encontrar esa manera de llenar la vida solo con cosas geniales que a la vez nos aporten un beneficio económico suficiente como para vivir sin preocuparnos por ese detalle material que es Don Dinero. Y que ese Señor  se convierta en un detalle ínfimo, un añadido, un extra dentro de un día a día donde cada cual consiga  fluir en todos los aspectos porque sabrá, finalmente, cual es su misión en esta vida.

14 de marzo de 2011

Dichosos móviles


¡Que silenciosa era la vida cuando no había móviles! Y es que desde que todo el mundo tiene móvil tener un momento de silencio es francamente difícil.
Se oyen musiquitas a todas horas mientras una va andando por la calle. Al  cabo de pocos  segundos se paran para dar paso a  una conversación personal y privada que ni me va ni  me viene. La gente sigue andando mientras habla, grita, gesticula, discute, hace las paces,  dice te quiero al aire, llora, ríe… pero en ese caso es soportable porque puedo escoger seguir escuchando o no, con cambiar de acera lo soluciono. Lo realmente horroroso es cuando una entra en el autobús y suena el móvil de la señora que está  al lado y me entero de lo que va a comprar, de donde venden las naranjas más baratas, que  los huevos rellenos de atún que hizo ayer a su marido le salieron bonísimos tal y como su  vecina le había contado. Suerte que el trayecto es corto y en 10 minutos  me libro de esa conversación. Peor es ir en el tren, estar sentada leyendo el periódico y que suene el teléfono del señor que tengo a mi lado. Me entero de todos los problemas de su oficina, oigo los gritos que da  a su supuesta secretaria por alguna negligencia y durante largos minutos no hago más que  desear SILENCIO  en silencio. ¿Dónde están los vagones silenciosos como en Suiza, de hace años,  donde una subía y nada se oía más que el silencio? Seguro que aquí los hay en alguna parte pero mira por donde yo no me he topado con ellos. Y es que al cabo del día ¡no llego a oír ni mis propios pensamientos!, solo hago que escuchar las vidas de personas desconocidas…
Si me quedo todo el día en la oficina la cosa no mejora. Cada hora, minuto arriba minuto abajo, oigo como mi compañera de trabajo que se pone en la zona de la máquina del café para llamar a su recién estrenado amor y endulza el café con palabras azucaradas, ¿Pero es necesario tanto? ¡Que estamos en el trabajo y uno debe aprender a “pasar las horas” sin oír al ser amado cada dos por tres! La pobre chica se debía pensar que no se la oye (aun que la zona del café es diáfana y sin paredes en medio de un pasillo concurrido) pero se la oye, mira si se la oye que la jefa el otro día nos envió un e-mail diciendo que teníamos que limitar el uso de los móviles personales a casos realmente urgentes. Aquí se tendría que detallar “urgentes” porque para mi compañera es una urgencia, una necesidad oír un te quiero cada hora.
Pero el caso más extremo para mí fue cuando en medio de una entrevista de trabajo que estaba realizando, al candidato le suena el móvil con una música moderna,  lo coge, mira la pantalla y ahora es cuando yo pensé “ no pasa nada, ahora lo silencia “ pero no, el señor descuelga mientras me dice “perdona, solo es un momento” y se pone a discutir con su ex mujer delante de mí sobre quien tiene que quedarse al niño ese fin de semana pues se ve que nadie lo quería ya que los dos tenían planes y el niño molestaba.  Aguanté esa conversación fuera de tono y de lugar por simple educación. Cuando colgó el dichoso móvil,   no le di opción, me levanté, le di las gracias y un adiós que no fue ni educado. Y es que a mí no me importa lo más mínimo la vida personal de las personas y menos en el momento que estoy decidiendo si les voy a dar un trabajo o no. ¿Pero es que la gente no es conciente de que mientras habla con ese aparatito la conversación se oye?, ¿Que las demás personas aun deseándolo no podemos cerrar las orejas como si fueran ojos? En 2 minutos supe todo lo que necesitaba saber. En ese caso se lo debo al móvil porque durante la entrevista se me habían pasado cosas por alto, mira por donde.
Silencio, silencio para oírme a mi misma sin tener que ponerme la música del Ipod que neutralice las conversaciones ajenas, eso es lo que me gustaría. ¿Educación? Igual si, igual pasa por la educación pero de momento me entero de un montón de cosas sin desearlo.

12 de marzo de 2011

Aung San Suu Kyi


Hay personas en este mundo que trascienden. Una de ellas es Aung San Suu Kyi, un icono viviente de la vía de la no violencia hacía la democracia en Birmania, Premio Nobel de la Paz en 1991. En los últimos 21 años se ha pasado 15 bajo arresto domiciliario. Finalmente el pasado noviembre fue liberada.
Esta delicada pero fuerte mujer me recuerda a una pyut-taing-htaung , esa muñeca tradicional birmana con forma de huevo que, por mucho que lances al suelo, siempre acaba de pie. Incluso aislada, su prestigio no ha dejado de crecer. El dictador birmano Than Shwe no puede tolerar que mencionen su nombre delante de él. Supongo que se debe a que  su nombre simboliza la esperanza de su pueblo. Cuando Aung San habla, los comentarios  que realiza hacía los que la han tenido encerrada siempre son en busca del diálogo, del acercamiento, nunca con reproche.
En una reciente entrevista comenta sobre su querido  pueblo birmano “Espero ser capaz de ayudar al pueblo birmano a tener más confianza en sí mismo. No quiero que dependan de mí. Quiero que dependan de ellos mismos.  Si puedo ayudarlos a tener mayor confianza en ellos mismos, creo que entonces estaré satisfecha. Quiero que el pueblo birmano tenga la libertad, la seguridad y la oportunidad de intentar mejorar sus vida, que aprenda a cuidarse y levantarse sin tener que depender de nadie” Delante de la pregunta de si en estos años ha tenido algún momento de debilidad, ganas de abandonar y exiliarse comenta “Nunca he considerado todo lo que he hecho como un sacrificio, porque fue una elección que hice. Escogí hacer lo que estoy haciendo. Por supuesto que añoro mucho a mis hijos y me gustaría estar más cerca de ellos, pero cuando lo comparo con las vidas de muchos presos políticos, veo que estoy mucho mejor….No tengo nada de que quejarme. No creo que tenga derecho a decir que he hecho muchos sacrificios cuado hay tanta gente que ha sufrido mucho más que yo o mi familia”  Su opinión sobe el budismo pasa por comentar  que le ha ayudado de muchas maneras, “Particularmente, a desarrollar un sentido de conciencia, y eso es muy importante en la política y en la vida. He tenido mucho tiempo para la meditación durante mis años de arresto domiciliario. La meditación te enseña lo difícil que es controlar tu propia mente y tus propios pensamientos, y aprendes cuán necesario es mantener tu vida bajo control. Mi vida no es nada normal. Pero lo importante es que yo la controle pase lo que pase. No se puede controlar todo lo que te pasa, pero sí tus respuestas.  Cuando le preguntan sobre el miedo su respuesta es ejemplar “El miedo es una cosa terrible. Corroe tu vida. El miedo aparta de ella lo que le da sentido. Cuanto más vives con miedo, más pierde valor tu vida. Todos tenemos que aprender a superar nuestros miedos. No estoy diciendo que tengamos que eliminarlos de nuestra vida. Los seres humanos somos susceptible al miedo. La cuestión es no permitir que el miedo controle nuestra vida. Si lo más importante es controlar nuestra respuesta a lo que nos pasa, no hay que permitir que el miedo sea nuestra respuesta”
Es una mujer que antepone sus ideales a su propia felicidad. Una mujer que trasciende, que evoca paz, calma y fortaleza sin fin. Una mujer que nos habla de la importancia de depender única y exclusivamente de uno mismo. Nos enseña lo inútil que es quejarse y nos recuerda que debemos ser consecuentes con nuestras elecciones.  Alaba la meditación porque gracias a ella podremos dirigir nuestra mente acallándola. Comenta que no se puede vivir con miedo, que nadie puede controlar nuestras vida y el miedo tampoco. Nos encontramos delante de una mujer inmensa de quien no puedo sentir más que admiración.

9 de marzo de 2011

Perlas de sabiduría (19). Ser






“El pájaro quisiera ser nube. La nube, pájaro”
                                                      
                                                              Rabindranath Tagore


8 de marzo de 2011

Expectativas


En la presentación de cualquier curso de formación del nivel que sea, usualmente, el profesor acostumbra a pedir a los asistentes que se presenten y expongan cuales son sus expectativas del curso que está a punto de iniciarse.
Hace tiempo  asistí a un curso de Inteligencia Emocional y como era previsible apareció la pregunta sobre las expectativas. Todos escribimos obedientemente en un papel en blanco lo que esperábamos obtener de ese curso. El profesor puso una papelera en medio de la sala y nos invitó amablemente a que tiráramos nuestras expectativas a la basura.  Mientras lo hacíamos iba hablando en voz alta y diciendo que lo único que nos podía garantizar en ese momento es que  íbamos a vivir  algo distinto a lo que esperábamos. Nos invitó a iniciar el  curso intentando ser libres de deseos, expectativas o prejuicios porque según él era necesario que nos permitiéramos descubrir la experiencia sobre la marcha, sin forzar la realidad, de modo que todo aconteciera con fluidez. No se trataba de olvidar las expectativas, solo se trataba de dejarlas en segundo plano siendo conscientes de ellas pero sin dejar que ellas fueran las protagonistas de la historia que estaba a punto de empezar.
Extrapolando esta anécdota a la vida diaria,  constato que a menudo  creamos altas expectativas idealizando los  momentos que están por llegar. Situaciones que vivimos ideales en la mente se vuelven normales en el instante que las vivimos y justo entonces notamos que las expectativas caen en picado y aparece la decepción. Igual la solución pasa por aprender  a no tener expectativas, a no esperar situaciones ideales, a esperar solamente lo que ocurre y así la decepción desaparece como por arte de magia simplemente porque la expectativa no ha tenido cabida. Pero  ¿Se puede vivir sin expectativas? Ese sería el camino fácil, el sencillo, el de no tener sueños, ni ideales, el de conformarse con lo que hay. O tal vez la solución esté en aprender a soñar sin esperar grandes cosas y ser capaces de dejarnos sorprender por los acontecimientos durante el camino.

6 de marzo de 2011

Perlas de sabiduría (18). Zapatillas






“Es más fácil calzarse unas zapatillas que alfombrar toda la tierra”

                                                          Anthony de Mello

3 de marzo de 2011

6 palabras



Dicen que Ernest Hemingway fue retado a escribir un relato en seis palabras y en ese momento él escribió: “En venta: zapatos bebé, nunca nació”
Cuando el otro día leí por primera vez este relato de 6 palabras me estremecí literalmente. Nunca en 6 palabras había encontrado un relato tan largo, denso, lleno de significado, de pena, de angustia, de tristeza. En esas 6 palabras veo a una futura mamá comprando unos zapatitos diminutos con la ilusión de ponérselos a su futuro bebé aun no nato. Veo al no padre poner un anuncio en el periódico para vender esos zapatos pequeños que de momento no tienen dueño y que solo consiguen entristecer más y más a la no mamá. Y sé que es el no padre quién pondría el anuncio en el periódico porque la no madre nunca podría vender esos zapatitos diminutos simplemente porque eso quería decir desprenderse de la ilusión de poder ponérselos, en un futuro próximo, a otro bebé sí nacido. La no mamá igual los guardaría en una cajita en el fondo del armario para que dejaran de llenársele los ojos de lágrimas cada vez que lo mirase sin querer, pero nunca los intentaría vender, eso seguro.
A parte de esta reflexión en voz alta, se conoce que una revista estadounidense Smith Magazine  ha popularizado los relatos de 6 palabras. En concreto se trata de resumir el día en 6 palabras o explicar un recuerdo en 6 palabras. Me ha gustado el reto de explicar tanto con tan poco.


2 de marzo de 2011

Mapas





Desde que era una niña que me encantan los mapas. Imaginar la vida de las personas que  vivían en lugares remotos era mi mayor afición. En la adolescencia plantifiqué un enorme mapamundi en una pared de mi habitación y marcaba con alfileres de colores lo sitios que algún día soñaba con  visitar. Hoy en día con Google todo es más sencillo pero sigo teniendo un mapamundi colgado en una pared por donde paseo mis dedos de tanto en tanto imaginando vidas lejanas y cercanas.
Los mapas me sitúan, me ubican, me centran, me ayudan a marcar distancias, a estableces límites. Hay días que cuando de buena mañana leo el periódico me pregunto ¿Dónde estamos? porque el orden mundial ha variado tanto en tan poco tiempo que me descoloco. Si tuviera un atlas abierto por la hoja de Europa y el norte de África, la pregunta sería exactamente esa ¿Dónde estamos? Arriba la reorganización de Europa alrededor de la fortaleza industrial alemana y la empresa pública francesa. Abajo el incendio de la media luna. Confusión. El exceso de información nos obliga a saltar aceleradamente de noticia en noticia. Aún no hemos acabado de  digerir la primera ya estamos oyendo, leyendo o viendo la tercera saltándonos  entremedio  la segunda.
Llega un momento que ni el mejor mapamundi me ayuda a ubicarme, llega un momento que ya no sé donde termina un país y empieza otro, llega un momento que el orden mundial se mezcla tanto que empieza a jugar a la ruleta rusa y una se levanta por la mañana preguntándose ¿Dónde estamos hoy? ¿En el mismo sitio que ayer  o tal vez  durante la noche ha cambiado el mundo su ubicación tal y como yo lo tengo en mi mente? Añoro la seguridad de un mapamundi de hace 20 años cuando todo seguía igual hasta que volvían a editar otro mapamundi más actualizado. Ahora con Internet al minuto puedo ver la ciudad, las calles, hasta las caras de la gente de ese alfiler que puse un día en ese país. La magia se pierde, la curiosidad se sacia al instante. Cada día es más difícil tener nuevas ilusiones cuando el espacio dejado para la imaginación es cada vez menor. Con Google ya no imagino países, fronteras o vidas, las veo a golpe de ratón. ¿Mejor o peor? Simplemente distinto.

1 de marzo de 2011

Buenos y malos momentos



La vida nos sonríe a veces y otras nos hace llorar. Las dos cosas son correctas y me cuesta determinar si la vida cuida mejor de nosotros cuando nos complace o cuando nos despedaza. Nunca se sabe bien si avanzamos en los momentos buenos o en los malos, cuando ganamos o cuando perdemos.
En los momentos buenos fluimos con mayor facilidad, nos sentimos livianos, sonreímos a la vida, no nos cuesta nada ilusionarnos. En esos momentos parece que se para el mundo, que todo está permitido, son como unas eternas vacaciones con fecha de caducidad inminente. Pero esos momentos dulces también nos ayudan a avanzar, a tener una mejor autoestima, a saber que podemos sentir, a notar que seguimos vivos.
En los momento malos nos cuesta más fluir, nos tenemos que obligar a seguir andando, a poner un pie delante de otro, los días se hacen duros y pesados pero a base de constancia y perseverancia seguimos adelante porque no hay otra salida que la de avanzar por el camino de la vida.
Oigo decir que los malos momentos curten, que los malos momentos  hacen crecer, hacen evolucionar. De los buenos momentos no oigo hablar, ¡como si ser feliz no nos aportara nada! ¡como si ser feliz no nos ayudara a seguir adelante! Evidentemente como todo en la vida, en el equilibrio entre las dos partes está la clave porque uno no puede avanzar viviendo siempre momentos buenos ni viviendo siempre momentos malos pero “puestos a escoger”,  como dice Serrat,  yo prefiero los buenos que me ayuden a evolucionar tanto o mejor que un montón de malos momentos.