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8 de marzo de 2011

Expectativas


En la presentación de cualquier curso de formación del nivel que sea, usualmente, el profesor acostumbra a pedir a los asistentes que se presenten y expongan cuales son sus expectativas del curso que está a punto de iniciarse.
Hace tiempo  asistí a un curso de Inteligencia Emocional y como era previsible apareció la pregunta sobre las expectativas. Todos escribimos obedientemente en un papel en blanco lo que esperábamos obtener de ese curso. El profesor puso una papelera en medio de la sala y nos invitó amablemente a que tiráramos nuestras expectativas a la basura.  Mientras lo hacíamos iba hablando en voz alta y diciendo que lo único que nos podía garantizar en ese momento es que  íbamos a vivir  algo distinto a lo que esperábamos. Nos invitó a iniciar el  curso intentando ser libres de deseos, expectativas o prejuicios porque según él era necesario que nos permitiéramos descubrir la experiencia sobre la marcha, sin forzar la realidad, de modo que todo aconteciera con fluidez. No se trataba de olvidar las expectativas, solo se trataba de dejarlas en segundo plano siendo conscientes de ellas pero sin dejar que ellas fueran las protagonistas de la historia que estaba a punto de empezar.
Extrapolando esta anécdota a la vida diaria,  constato que a menudo  creamos altas expectativas idealizando los  momentos que están por llegar. Situaciones que vivimos ideales en la mente se vuelven normales en el instante que las vivimos y justo entonces notamos que las expectativas caen en picado y aparece la decepción. Igual la solución pasa por aprender  a no tener expectativas, a no esperar situaciones ideales, a esperar solamente lo que ocurre y así la decepción desaparece como por arte de magia simplemente porque la expectativa no ha tenido cabida. Pero  ¿Se puede vivir sin expectativas? Ese sería el camino fácil, el sencillo, el de no tener sueños, ni ideales, el de conformarse con lo que hay. O tal vez la solución esté en aprender a soñar sin esperar grandes cosas y ser capaces de dejarnos sorprender por los acontecimientos durante el camino.

11 comentarios:

Clementine dijo...

Me parece muy razonable todo lo que expones aquí. Pero yo prefiero tener algunas expectativas (aunque no de todas las cosas que hay a mi alrededor) porque me sirven mucho de motor y ánimo para conseguir una serie de objetivos. Eso sí, procuro que no lleguen a convertirse en obsesión, eso es muy, muy malo para la salud mental.

Maeglin dijo...

Hay que encontrar el punto medio entre la idealización y la futilidad con respecto a los proyectos que nos traemos entre manos. Sin embargo cuando se trata de formación y enseñanza soy partidario de hacer una excepción a favor de vaciar el continente.

Como no hace tanto refrescabas con una fabula oriental del maestro ys u discipulo ¿Como llenar de ideas, metodos y conocimientos a quien ya los ha llenado de prejuicios o anticipadas valoraciones personales?

A-B-C dijo...

Que buena idea la del profesor del curso de inteligencia emocional y tu interpretación de tenerlas presente pero sin que acapararan toda la atención.
En mi experiencia cuando la realidad es mejor que las expectativas, es infinitamente mejor y cuando no lo es pues, a ver qué pasa.
Besos y feliz día, mujer.

natsnoC dijo...

Como bien dice Clementine, yo soy incapaz de desligar expectativas de objetivos, metas. ¿Se puede vivir sin objetivos? Tú tendrás (y lo sé por un post anterior) objetivos del día, de la semana, del año...

¿Esos objetivos en base a qué los planificas? Pues en base a las expectativas que tienes de ellos.

Yo puedo aprender a medir mejor las expectativas, pero no a vivir sin más objetivo que ver pasar la vida... No sé si me explico.

(por cierto, y en voz baja, tienes una errata en la palabra nº 139)

JLin dijo...

Yo soy de equilibrio, creo que las expectativas/objetivos son bien necesarios pero siempre sin perder de vista que son eso, objetivos o expectativas que pueden cumplirse o no, si eso queda claro todo va bien. El problema es cuando la expectativa se convierte en realidad antes de serlo.

El Tirador Solitario dijo...

Lo curioso es que se le puede dar la vuelta al argumento. Unas de las cosas que veo que son más ciertas, y que a veces no aplico como debiera, es que cuando hay una preocupación, una inquietud por lo que sea, esperamos cosas mucho, infinitamente más terribles de lo que luego ocurre, que casi siempre queda en "agua de borrajas", como suelo decir...
¡Muy interesante, el post, Layna!

Mr. Dupin dijo...

Yo soy otro de los que busca el equilibrio: metas para encaminar la acción pero sin que sean excesivas. Y esto implica que las espectativas que cargue sean autenticas y mias, y no imposiciones "culturales" o "propagandisticas". Aun asi, estoy de acuerdo con que dejar a la vida sorprendernos y disfrutar lo que nos trae aunque mi caracter me impida ser asi muchas veces.

PEPE CAHIERS dijo...

Eso que dices es como el niño que se pasa una semana llorando porque quiere un juguete, se lo comprás y juega con él diez minutos. Las expectativas debe tener una emoción en su justa y prudente medida. Pero nadie es perfecto y también se aprende de las decepciones.

Blog A dijo...

He leido un libro sobre inteligencia emocional de Daniel goleman hace muchos años y descubrí que es una cualidad muy importante, en el trabajo y en la vida en general.Como dicen todos tus comentaritas y como en casi todo, el equillibrio es lo que marca la diferencía, espectativas y metas que puedas lograr y sobre todo a corto plazo y sin obsesiones.

Layna dijo...

¡Que alegría tener todos vuestros comentarios sobre este tema! He sido feliz leyéndolos.
Mi opinión al respecto es que los objetivos y las expectativas no tienen porque ir siempre de la mano. Cierto es que mi vida está llena de objetivos en todos los ámbitos tanto a nivel laboral como personal. Son como un motor, una ilusión, un lugar hacia el que andar. Y sí, me imagino a mi misma con el objetivo conseguido, con el sueño cumplido y eso me motiva. Con el tiempo he aprendido a tener expectativas que solo dependa de mi misma, las cosas que yo misma puedo controlar me doy el gustazo de tener expectativas pero las que dependen de otras personas pues no, porque una se puede hacer ilusiones, montarse la gran película, imaginarse el cuento de las 1001 noches y convertirse todo en aire porque no depende de una que eso sea o se convierta en realidad y poner en manos de otra/s personas mis propias ilusiones me acaba decepcionando más de lo habitual por tanto mejor, en mi caso, separar objetivos de expectativas. Gracias a todos por hacer plural este blog!!!

Layna dijo...

natsnoC. Ayer, al hacer un comentario general a todos, no me acordé de agradecer sutil comentario en voz baja sobre la errata de la palabra 139. Menos mal que existen los cuenta palabras y en un plis dí con el error. Gracias!!!