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8 de marzo de 2011

Expectativas


En la presentación de cualquier curso de formación del nivel que sea, usualmente, el profesor acostumbra a pedir a los asistentes que se presenten y expongan cuales son sus expectativas del curso que está a punto de iniciarse.
Hace tiempo  asistí a un curso de Inteligencia Emocional y como era previsible apareció la pregunta sobre las expectativas. Todos escribimos obedientemente en un papel en blanco lo que esperábamos obtener de ese curso. El profesor puso una papelera en medio de la sala y nos invitó amablemente a que tiráramos nuestras expectativas a la basura.  Mientras lo hacíamos iba hablando en voz alta y diciendo que lo único que nos podía garantizar en ese momento es que  íbamos a vivir  algo distinto a lo que esperábamos. Nos invitó a iniciar el  curso intentando ser libres de deseos, expectativas o prejuicios porque según él era necesario que nos permitiéramos descubrir la experiencia sobre la marcha, sin forzar la realidad, de modo que todo aconteciera con fluidez. No se trataba de olvidar las expectativas, solo se trataba de dejarlas en segundo plano siendo conscientes de ellas pero sin dejar que ellas fueran las protagonistas de la historia que estaba a punto de empezar.
Extrapolando esta anécdota a la vida diaria,  constato que a menudo  creamos altas expectativas idealizando los  momentos que están por llegar. Situaciones que vivimos ideales en la mente se vuelven normales en el instante que las vivimos y justo entonces notamos que las expectativas caen en picado y aparece la decepción. Igual la solución pasa por aprender  a no tener expectativas, a no esperar situaciones ideales, a esperar solamente lo que ocurre y así la decepción desaparece como por arte de magia simplemente porque la expectativa no ha tenido cabida. Pero  ¿Se puede vivir sin expectativas? Ese sería el camino fácil, el sencillo, el de no tener sueños, ni ideales, el de conformarse con lo que hay. O tal vez la solución esté en aprender a soñar sin esperar grandes cosas y ser capaces de dejarnos sorprender por los acontecimientos durante el camino.

1 de marzo de 2011

Buenos y malos momentos



La vida nos sonríe a veces y otras nos hace llorar. Las dos cosas son correctas y me cuesta determinar si la vida cuida mejor de nosotros cuando nos complace o cuando nos despedaza. Nunca se sabe bien si avanzamos en los momentos buenos o en los malos, cuando ganamos o cuando perdemos.
En los momentos buenos fluimos con mayor facilidad, nos sentimos livianos, sonreímos a la vida, no nos cuesta nada ilusionarnos. En esos momentos parece que se para el mundo, que todo está permitido, son como unas eternas vacaciones con fecha de caducidad inminente. Pero esos momentos dulces también nos ayudan a avanzar, a tener una mejor autoestima, a saber que podemos sentir, a notar que seguimos vivos.
En los momento malos nos cuesta más fluir, nos tenemos que obligar a seguir andando, a poner un pie delante de otro, los días se hacen duros y pesados pero a base de constancia y perseverancia seguimos adelante porque no hay otra salida que la de avanzar por el camino de la vida.
Oigo decir que los malos momentos curten, que los malos momentos  hacen crecer, hacen evolucionar. De los buenos momentos no oigo hablar, ¡como si ser feliz no nos aportara nada! ¡como si ser feliz no nos ayudara a seguir adelante! Evidentemente como todo en la vida, en el equilibrio entre las dos partes está la clave porque uno no puede avanzar viviendo siempre momentos buenos ni viviendo siempre momentos malos pero “puestos a escoger”,  como dice Serrat,  yo prefiero los buenos que me ayuden a evolucionar tanto o mejor que un montón de malos momentos.

25 de febrero de 2011

Desaprender



Aprendemos a vivir a base de las propias experiencias.  La edad proporciona vivencias, buenas o malas, que se almacenan en algún recóndito lugar de nuestras mentes.  El día que el hombre pisó la luna faltaban 57 días para que yo llorara por primera vez en esta vida y llenara mis pulmones de aire. Ese día mi mente estaba blanca y mi alma era pura. A medida que han ido pasando los años se ha ido acumulando creencias, aprendizajes, rutinas, costumbres, vivencias, experiencias. Ahora se trata de desaprender lo aprendido, de sacar de dentro todo lo que está ahí adherido y volver a tener esa mente en blanco, limpia y pura como cuando era una niña recién nacida.
Recuerdo perfectamente como son los bebés al nacer. Se mueven lentamente, sus gestos van a cámara lenta, su respiración es abdominal, respiran siempre profundamente. Sus ojos te miran sin verte y solo distinguen sombras. El ruido les asusta y se refugian en el descanso, duermen, comen, duermen, comen al ritmo que marca su propio cuerpo. Eso es todo. Desaprender consiste en eso, en volver a la esencia de uno mismo,  volver a escucharse, a meditar y entrar en contacto con ese ser puro y limpio que habita dentro de nosotros mismos. Desaprender para volver a aprender. Vaciarnos para poder volver a llenarnos pero esta vez solo de cosas agradables, de alegría, de felicidad.

11 de febrero de 2011

Botiquín para el alma


Tengo un botiquín para mi alma al alcance de mi mano para poder tirar de él en cuanto lo precise.  Es blanco, lleno de luz  y en su interior guardo los remedios que la vida me ha ido enseñado con prisa y sin pausa.  Ahí tengo remedios caseros para cuando el alma se agrieta en forma  de  chocolate caliente cuando asoma la tristeza un día frío de invierno,  o en forma de baño de sol sentada en un banco tranquilo viendo la vida pasar cuando asoma la nostalgia, espacios en blanco para mi mente cuando aparece el agobio, nadar hasta quedar exhausta cuando asoma la rabia…
Pero a veces el alma no sólo se agrieta, a veces se rompe, se cae a pedazos grandes y pequeños, se desparrama por el suelo sin previo aviso y justo en ese momento que uno la ve caer es cuando se debe actuar de inmediato, como si de una urgencia médica se tratara, aplicar vendajes, mantener el pulso constante, cortar la hemorragia hasta recuperar las constantes vitales. En esos casos extremos cada cual debe tener sur remedios preparaditos, aquellos que realmente le sirven a uno mismo de acorde a su manera de ser, los hay que prefieren el silencio, los hay  que prefieren no dejar de hablar, de comunicarse…En mi caso vuelvo a al equilibrio vital a base de disciplina, de rutina, de metas, de objetivos, de iniciar proyectos nuevos, de repasar el camino hecho y diseñar la ruta a seguir, a base perseverancia, de motivación, constancia, dosis de alegría, sonrisas de niños, saberme acompañada en el proceso y poco a poco los ungüentos hacen efecto, poco a poco  se recomponen los pedacitos caídos y cicatrizan,  poco a poco se reequilibra el sistema, se vuelve a ver el camino a seguir, el rumbo a tomar.
Todo forma parte de un proceso de aceptación al cambio, a la incertidumbre, al misterio de un futuro impalpable y entonces cuando uno toca fondo, cuando sólo cabe subir, me apodero de una de mis tiritas en forma de ánimos a través de una frase motivadora o de una cápsula de mi propia sonrisa o de una aspirina en forma de respiración  profunda o una píldora mágica en forma de meditación consciente y así escuchando mi ser, oyendo mi alma, sintiendo ese dolor o sufrimiento y mirándolo de frente avanzo firme y fuerte hacia el horizonte sola a veces o con la ayuda de ángeles que tutelan mi vida en otras ocasiones  pero de una forma u otra siempre se acaba avanzando hacia el interior de uno mismo que es donde realmente se encuentra la solución a cualquier remedio para la propia alma.

5 de febrero de 2011

CORAJE



Se preguntaba Vincent van Gogh “ ¿Qué sería de la vida, si no tuviéramos el valor de intentar algo nuevo?”  
Los que se arriesgan, los que se la juegan, los que apuestan por una vida distinta,  los que crean nuevas circunstancias, los que intentan algo nuevo, a esos se les llama valientes o tal vez locos. Yo las llamo personas con coraje.
El coraje es la ausencia del miedo, es la conciencia de que hay algo por lo que merece la pena arriesgarnos.  El coraje nos mueve porque creemos que  aquello que deseamos crear, cambiar, construir dará  un sentido nuevo a nuestra vida. El coraje nos empuja a enfrontarnos a nuestros miedos internos y externos. Nos lanza a un viaje del cual regresaremos completamente transformados; bien porque habremos alcanzar el anhelo que nos llevó a partir,  o bien porque sin llegar a alcanzar dicho anhelo habremos aprendido algo nuevo que nos llevará a ver la vida con ojos distintos. Sea como sea, habremos crecido en el viaje interior.
Nuestros anhelos y nuestro coraje van juntos cogidos de la mano. El anhelo nos invita a creer, el coraje nos lanza a crecer. El anhelo es semilla, es idea, es sueño. El coraje es acción, transformación, realidad. Los dos se enlazan en un baile entre lo espiritual y lo real, de esa danza entre las utopías y la realidad es  a partir de dónde conseguiremos  construir algo nuevo.
El coraje es esa capacidad de realizar actos inimaginables cuando la vida nos pone en situaciones límite. El coraje nos permite mover energía, sentimientos, emociones e ir más allá de nuestros propios límites.
La vida es una gran oportunidad de arriesgarnos para aprender, crecer, sentir, compartir, amar, en definitiva para vivir plenamente.

8 de diciembre de 2010

Adicción al futuro



Vivimos los días haciendo planes “para mañana” o “para la semana que viene” o “para cuando esta situación cambie”. Nos refugiamos en un futuro que nunca acaba de llegar. Es como si nos creyéramos inmortales y tuviéramos la capacidad de hacer planes compulsivamente y eternamente, como si el futuro fuera el único aliciente para continuar en el presente. Pero curiosamente día tras día solo tenemos eso, presente. Un presente que se nos escapa por estar persiguiendo lo que aún no está aquí. La vida es una sucesión de incertidumbres, de inseguridades, solo si somos capaces de aceptar eso podremos vivir tranquilos y felices.
Pero ¿Cómo se hace esto? ¿Cómo consigue uno vivir en el presente y no dejarse arrastrar hacía el futuro? Lo plantean fácil, dicen que a través del cuerpo, a través de los sentidos, de las sensaciones porque esas sensaciones ocurren en el presente. Vivir la situación desde el cuerpo, vivir la conversación, la comida, la discusión… tener atención plena repetida en actos cotidianos (comer, oler, tocar)  y decirnos cada día “solo por hoy”… “solo por hoy” vivo plenamente, “solo por hoy” no me escapo al futuro, “solo por hoy” noto como entra el aire en mi nariz , “solo por hoy” soy consciente del momento presente... y así  poco a poco conseguiremos casi sin esfuerzo vivir cada instante que en definitiva es lo único que nos pertenece.

27 de noviembre de 2010

La vida es incierta.


La vida es incierta, sin embargo el instinto de supervivencia del ser humano lucha con todas sus fuerzas contra esta afirmación. De ahí nuestra necesidad de tener el máximo grado de control posible sobre todo lo que sucede en nuestra existencia. Pretendemos que la realidad se adapte a nuestras necesidades y expectativas acallando la constante incertidumbre de la vida. Queremos que las cosas sean como deseamos, esperamos y planeamos. Solemos frustrarnos e incluso enfadarnos cada vez que surgen imprevistos, contratiempos o adversidades. Lo cierto, es que los seres humanos somos animales de costumbres. Demasiado a menudo, nuestra necesidad de saber qué, cómo y cuándo van a suceder las cosas nos lleva a tomar el camino más estable y seguro, aunque no sea el que nos genere mayor bienestar interno. En general nos gusta crear y preservar nuestra propia rutina y optamos por un estilo de vida estrictamente planificado, carente de riesgos. Todo esto lo hacemos en nombre de la seguridad.
Sin embargo, este tipo de comportamiento pone de manifiesto que nos sentimos profundamente indefensos e inseguros. Vivimos bajo la tiranía del miedo. De hecho nos aterra todo aquello que no podemos controlar.  Para salir de todo este circulo vicioso debemos potenciar la confianza que es el único antídoto contra el miedo y centrar nuestra atención en aquello que sí dependa de nosotros.

La mayoría de nosotros no sabemos convivir con la incertidumbre. Tratar de tener el control nos  causa tensión, soltarlo nos produce ansiedad. Así cuanto más inseguros nos sentimos por dentro, más tiempo, dinero y energía invertimos para asegurar nuestra existencia externa. Vencer el miedo requiere coraje. Vivir con coraje nos lleva a salir de la cárcel de la mente, nos ayuda a derribar la coraza que hemos tejido con nuestros temores para protegernos. Esto nos permite tomar decisiones en consonancia con nuestros verdaderos sueños, más allá del miedo y de la necesidad de control. Si aspiramos a ser verdaderamente libres, debemos recordarnos de vez en cuando que la vida es incierta

10 de noviembre de 2010

Eustrés/ Distrés. Una vida con orden.


El estrés es la reacción que nos sirve a los seres vivos para adaptarnos a los cambios. Cuando sentimos que un acontecimiento exige de nosotros un sobreesfuerzo, ponemos en marcha una serie de mecanismos bioquímicos que nos ayudan a obtener la energía que necesitamos para afrontarlo (el hipotálamo alerta al sistema nervios autónomo y  activa la hipófisis y la tiroides,  las cuales nos hacen segregar adrenalina y noradrenalina, que nos preparan para enfrentarnos a la situación)
Existen dos tipos de estrés, el estrés positivo  y el estrés negativo.
En cuanto al positivo o eustrés  es el que surge cuando focalizamos todas nuestras energías mentales en conseguir llevar a buen puerto una difícil tarea que nos hemos propuesto, funcionamos de manera estructurada para conseguir nuestra meta.
En el estrés negativo o distrés la sensación es de sentirnos desbordados o desmotivados. Aparece un desasosiego que puede tener varias causas: sentir que no estamos preparados, vivir en sobreesfuerzo continuamente, notar que nos faltan los recursos (tiempo, dinero..). Con este tipo de malestar el riesgo de desestructura vital es muy grande. Con el distrés se tiende al caos y con este aumenta la sensación negativa. En ese punto es imprescindible salir del círculo vicioso, organizar nuestra vida es una buena manera de romper ese círculo. 
Organizar la vida, recuperar el control de nuestro cronograma vital y disminuir el estrés negativo se puede conseguir con este Decálogo.
  1. Tener objetivos claros. Saber donde queremos ir. Como decía Schopenhauer “ningún viento favorece a quien no sabe adónde va”
  2. Utilizar una agenda. Un organizador del tiempo donde volcar todos los datos mentales de horas, días, citas.
  3. Planificar. Como dice el adagio “ Si fallas al planificar, estás planificando fallar”
  4. Pasos pequeños. Adquirir el hábito mental de dividir las tareas en pasos más pequeños
  5. Premiarse. Nos olvidamos de premiarnos cuando conseguimos algo de lo propuesto y es algo que debemos hacer a diario
  6. Sin culpa. Debemos substituir culpabilidad por responsabilidad. La culpa es un sentimiento que nos impide adaptarnos mientras que la responsabilidad nos ayuda a recuperar las riendas de nuestra vida.
  7. Autoinstrucciones. El modo que nos hablamos a nosotros mismos es decisivo a la hora de organizarnos y motivarnos. Centrarnos en lo positivo.
  8. Concentración. Entrenar la mente en técnicas de concentración. Focalizar . Centrarse en el aquí y el ahora
  9. Evaluación. Mirar donde estamos, el camino recorrido y hacia donde vamos.
  10. Saber decir no.  Reforzar la asertividad, ser capaz de decir no sin sentirse culpable y negociar con los demás nuestro tiempo.
Si somos capaces de de organizar nuestro tiempo, de llevar un vida con orden, podremos hacer frente al estrés negativo y evitar acabar desbordados por las circunstancias  retomando así el control de nuestra vida.

4 de noviembre de 2010

¿Cielo o Trueno?


Alicia en el País de las Maravillas entra en un mundo apasionante cuando sigue al conejo que corre como un loco. Encuentra su camino de una forma casi fortuita.  En otras ocasiones, los personajes  (como por ejemplo don Quijote) deciden  ir en busca de los retos sin que nada les obligue. En ambos casos, sea por algo inesperado o buscado, cuando salen del espacio en el que se sienten cómodos y se enfrentan a  la incertidumbre es cuando comienza la aventura.

Según Pilar Jericó podemos clasificar la aventura según su llamada en dos tipos muy diferenciados: la llamada del cielo o la llamada del trueno.
La llamada del cielo simboliza las aventuras que nosotros buscamos conscientemente porque estamos deseosos de vivir nuevas experiencias. Esto nos sucede cuando nos embarcamos en un cambio personal o profesional. En este caso aunque la aventura sea elegida, no está exenta de problemas o dificultades que tendremos que sortear.
La llamada del trueno sucede cuando aparece algo insospechado que hace tambalear el suelo que nos sostiene (las pérdidas afectivas, un despido, una expectativa frustrada). Muchos truenos aparecen en nuestras vidas sin que hayamos podido preverlos o ni tan siquiera imaginarlos.  A veces aparecen las llamadas del trueno y pensamos “ ahora no me apetece pasar por todo esto”  pero es que la vida no nos pregunta si nos apetece o no, simplemente las dificultades forman parte del guión y solo nos queda interpretarlas como invitaciones que nos da la vida para conocernos mejor a nosotros mismos y evolucionar como seres humanos. La vida está llena de aventuras.

La verdadera profesión del hombre es encontrar el camino hacia sí mismo.
Hermann Hesse

22 de octubre de 2010

Momentos dentro de momentos


Hace un tiempo leí un artículo de Maruja Torres en el Pais Semanal  el cual releo de tanto en tanto. Lo escribe a dos días de su 67 cumpleaños y comenta :

"¿Cómo puedo haber llegado hasta aquí? Momento a momento. Porque, en definitiva, miras atrás y ¿qué queda? Momentos. Momentos hechos de momentos dentro de momentos. Momentos para saltar de uno a otro y avanzar en la vida, para llegar al de hoy, a este momento, el mío, el de ustedes, sin amargura y sin rencores, todavía con la luz de los momentos anteriores alumbrándome……….De modo que los recojo para saber por qué he llegado hasta aquí y a qué y a quién debo dar las gracias, y esos momentos se acumulan en mi regazo y acarician mi corazón..………Así vemos desde la vejez las cúspides que dieron sentido a nuestras vidas. No son de oro y piedras preciosas, sino de algo infinitamente mejor. Son de tiempo. Del tiempo que usamos bien y en que fuimos bien usados. Tiempo breve, fugaz, tiempo deslumbrante de lucidez, belleza y felicidad”

Poder llegar a la vejez con la sensación de haber pasado la vida saltando de momento en momento como de oca a oca y tiro porque me toca. Saber que, para que eso ocurra, ahora es tiempo de construir esos momentos, de elaborarlos, de vivirlos y así,  estos momentos de la vida presente, podrán acunar nuestra alma en la vejez. La vida es tiempo, cápsulas de tiempo en porciones pequeñas que llamamos momentos. Mi pregunta persiste ¿Estos momentos tienen que ser vividos o sirve con solo imaginarlos?  

15 de octubre de 2010

Filosofía ZOOM



Me encanta hacer fotografías. Me gusta inmortalizar momentos de vida aunque cuando empiezo a enfocar y ver el momento a través de la cámara soy consciente de que no estoy viviendo realmente ese instante, me lo estoy perdiendo, solo lo observo a través del objetivo, no lo vivo. Pero ese sacrificio, bien vale el placer de revivir ese instante al cabo de los años a través de la imagen que inmortalizo.
Lo que más me entusiasma de las cámaras fotográficas es el zoom. Esa opción que permite el cambio de escala, ese acercamiento que engranda los detalles mínimos y me permite ver pequeñas maravillas desapercibidas. Paso en segundos de paisaje en “un plano medio” con una visión general del entorno a observar con minuciosidad el diseño de una flor silvestre o los reflejos de la luz en un vaso, o las grietas de un edificio. Y esa observación del detalle, de los pequeños acontecimientos me conducen al concepto de  Filosofía Zoom que podría definir como aquella filosofía que me ayuda a meditar sobre acontecimientos pequeños, la que hace magnificar los detalles minúsculos del día a día como una sincera sonrisa de buena mañana o los primeros rayos de sol que alumbran la oscuridad de la noche o el aleteo de un pájaro que bebe en la fuente o la hoja que se cae lentamente del árbol o el gesto de agradecimiento del peatón al dejarlo cruzar o la mirada limpia de un niño cuando juega a ser mayor… miles de pequeñas secuencias que mis ojos son capaces de captar y engrandecer. Con mi mágica opción zoom consigo resaltar  pequeños instantes hasta conseguir que cualquier momento del día quede catalogado  de especial entre medio del demasiado común plano medio.


11 de octubre de 2010

Miedo. La negación de la realidad


Todos tenemos miedo, dicen que nacemos con él y éste va variando conforme transcurren los años. El miedo es el rey de nuestra evolución, ya que nos ha protegido de los peligros desde el principio de los tiempos. Además, viene de serie en nuestro cerebro y es capaz de bloquear nuestra creatividad o habilidad de razonar. No nos gusta reconocerlo, porque lo asociamos a la debilidad, cuando paradójicamente no sentirlo sería peligroso. Todos tenemos miedos, absolutamente todos. El miedo es la pérdida de algo que poseemos y no queremos perder. Existen un sinfín de miedos: a la muerte,  al dolor, a la pérdida de seres queridos, a perder el empleo, al fracaso, a la enfermedad, a la inseguridad….
Podríamos hablar de dos tipos de miedo, el miedo sano y el miedo tóxico. El sano es el miedo asociado a la prudencia y que nos impide tener problemas al largo de la vida (sería el que ha ayudado a evolucionar a la raza humana), sin embargo a su lado está el miedo más sutil o dañino, el miedo tóxico, ese miedo que nos impide crecer como personas, el que aparece cuando no reconocemos un posible fracaso, el responsable de las excusas por las que negamos la realidad. El miedo tóxico nos impide ser felices, es el gran enemigo que habita dentro de nosotros.
Por tanto, si sientes miedo ¡¡ felicidades, eres humano!!  Porque realmente   reconocer que sentimos miedo es un acto de valentía que nos hace más humanos y delante del miedo, sobre todo el tóxico, solo existe una salida, mirarlo a la cara , afrontarlo y atreverse a ser honesto consigo mismo.



28 de septiembre de 2010

Vorfreude. El placer de la espera


Existe una palabra en alemán sonora y gutural que descubrí y oí por primera vez este verano: Vorfreude. Lo más curioso de este idioma es que las palabras tienen significados en español de una frase entera y no solo de una palabra concreta. Así pues, Vorfreude significa capacidad de disfrute previo, la alegría previa que nos produce algo, es decir gozar del placer de la espera. Este es el concepto que intento aplicar a lo largo de los días para paliar mi innata impaciencia y poder llegar a domesticarla o al menos domarla.
El placer de la espera es lo que me ocurre los días previos a un largo viaje cuando leo todo lo que puedo del país que voy a visitar, preparo las rutas, las maletas, los vuelos, el hotel. Es esa mezcla de nerviosismo y placer imaginando lo que está por llegar. Mi mente focaliza la atención en ese estímulo externo, se generan expectativas que junto con la adrenalina activan circuitos de alerta en mi mente que solo vuelven al estado de reposo cuando finalmente sucede lo que esperaba. Trato de extrapolar esta sensación a mi vida diaria así por ejemplo me ocurre lo mismo cuando se anuncia que publicarán en breve un libro que esperaba leer hace tiempo, veo los carteles por todas las librerías con la fecha del lanzamiento y voy pasando los días deleitándome con el momento que podré ir a comprarlo y empezar a leerlo. Me ilusiono con el instante en que finalmente lo tendré en mis manos y me zambulliré en sus páginas.
Esta es la parte amable de la espera, la que sabemos a ciencia cierta que tendrá final feliz. La otra parte más amarga de la espera es cuando el final es incierto. Mezclar espera con incertidumbre da como resultado desasosiego, agonía, nerviosismo. Es la espera que vive el que no tiene trabajo y lo busca pero no lo encuentra, el que espera el resultado de un chequeo médico donde en el mismo momento de las pruebas ya le han dicho que aquello no estaba del todo claro, esa es la amarga espera a la que no se le ve el final, la que desespera. Pero hoy no nos ocupamos de estar amarga espera básicamente porque Vorfreude excluye de su significado todo concepto negativo y solo contempla la espera agradable y positiva como por ejemplo también me ocurre cuando espero un e-mail que tarda más de lo normal en llegar pero finalmente veo el nombre de esa persona en mi bandeja de entrada. No lo abro de inmediato, me espero, me tomo mi tiempo, practico Vorfreude porque sé que cuando finalmente lo abra y empiece a leer se terminará la espera, descubriré si está a la altura de lo imaginado o no,  justo en ese instante surgirá la alegría o la desilusión porque pasaré de esperar a vivir el momento. A veces es preferible deleitarse con la espera, aprender el arte de ser paciente porque cuando se desencadena el acontecimiento, para bien o para mal, ya no hay vuelta atrás y sólo nos queda vivir la vida.

Todo llega si uno simplemente espera
Benjamin Disraeli

24 de septiembre de 2010

Generación Nespresso


Pertenezco a la Generación Nespresso, esa generación con prisa y sin pausa, la del aquí y ahora como imperativo, la de la impaciencia, la que lo quiere todo al instante. Antes, preparar un café en casa era un ritual que implicaba paciencia y tiempo: desenroscar la cafetera, llenar el filtro de café molido, volverla a cerrar, esperar a que el fuego hiciera subir el café con su sonido inconfundible. Hoy podemos preparar un café igual de aromático y delicioso en cuestión de segundos colocando una cápsula en la máquina tipo Nespresso. Esa urgencia es la que domina el resto de nuestra vida. Vivimos dentro de la cultura de la impaciencia. Tal vez Internet y el móvil nos han ayudado a vivir volcados  a los resultados inmediatos, cada vez estamos más acostumbrados a ese tiempo de reacción instantáneo y cualquier cosa que se dilate demasiado nos molesta. Atrás queda esa época en la que las personas se escribían largas cartas manuscritas explicando pedazos de sus vidas y el correo se encargaba de hacerlas llegar a su destino al cabo de días o semanas. Ahora con abrir el correo electrónico recibimos noticias al instante de cualquier parte del mundo y de cualquier persona. Pero ¿vivir así nos hace más felices? ¿Dónde está el placer de la espera?. Ayer mismo un buen amigo me comentaba "...pero, ten paciencia ¿vale?..." y le hice caso aunque para él es más sencillo porque es un hombre paciente, sumamente paciente. En mi gobierna la impaciencia de forma innata la cual intento aplacar con lecturas como Elogío a la lentitud de Carl Honoré donde nos comenta su filosofía de la lentitud (filosofía slow) que podría resumirse en una sola palabra: equilibrio. Actuar con rapidez cuando tiene sentido hacerlo y lento cuando la lentitud es lo más conveniente. Tratar de vivir en lo que los músicos llaman el tempo giusto, la velocidad apropiada. Soy de la Generación Nespresso, lo reconozco,  porque la vida me engulle, el día a día se apodera de mi como si viviera dentro de un torbellino pero mi mente desea alcanzar el tempo giusto, el equilibrio, que la paciencia brotará de mi interior como una flor en primavera… todo se andará.

Las grandes leyes de la naturaleza son:
no corras, no seas impaciente y
confía en el ritmo eterno
Nikos Kazantzakis

20 de septiembre de 2010

Caminar los sueños


De camino al trabajo paso por una esquina donde siempre dejan los periódicos gratuitos del día. Eso era antes del verano porque ahora han dejado de estar allí cada mañana, ni allí ni en ningún otro punto de la ciudad, simplemente ha dejado de ser rentable que sigan existiendo en mi ciudad. Cuando me di cuenta de que habían desaparecid, recordé aquell de "nada es para siempre" y añoré el ritual de los viernes, cuando cogía el periódico, lo doblaba al revés y andaba hacía el trabajo leyendo el artículo de opinión de la contraportada. Quién escribía los viernes era Angela Becerra. Me apetece compartir con vosotros uno de aquellos artículos llenos de poesía que se titula "Caminar los sueños", donde nos habla de que la rutina desgasta la vida más armoniosa porque la monotonía aplaca los sueños mientras que las ilusiones conseguidas se adhieren a nuestra alma como recordatorio de que lo imposible se puede alcanzar. Habla de lo imprescindible que es llevar una doble vida; la despierta y la soñada porque la real nos obliga a caminar con los pies en el suelo mientras que la soñada nos anima a imaginar nuevos horizontes. Una vida completa surge del equilibrio entre andar de pies en el suelo y soñar volar. La felicidad es caminar los sueños. Os dejo con el artículo

http://www.adn.es/blog/angela_becerra/opinion/20100609/POS-0002-Caminar-suenos.html

17 de septiembre de 2010

SIENTO, LUEGO VIVO

Soy de las personas  que opinan que en la vida se debe fluir y dejarse llevar por las señales que vamos encontrando por el camino. De repente  sin tenerlo previsto aparece un comentario, un articulo, un post, una conversación, un libro, un amigo en el camino que nos ayuda a seguir en un dirección concreta que es justamente la adecuada en ese momento.
En la contra de la Vanguardia (11/09/2010) apareció por arte de magia una entrevista de Christophe André que se titulaba “Nos apegamos a lo que debería ser en lugar de a lo que es”. Este psiquiatra que vive en Paris comenta que a veces no sabemos exactamente que sentimos, que nos sumergimos en un estado de ánimo (esa mezcla sutil de emociones y pensamientos que nos acompaña en todo momento)  provocado por alguna información del mundo exterior que nos lanza a  dar  vueltas y más vueltas a lo que nos pasa entrando dentro de un bucle negativo. Esas cavilaciones surgen de la pregunta ¿por qué? (que es una pregunta intelectual)  cuando la pregunta correcta sería ¿cómo? (pregunta de observación)  la cual es realmente la  que nos ayudará  a conseguir que el problema no persista.
La herramienta adecuada es la introspección, detenerse a preguntarse qué sentimos. Ser capaces de hacerlo de manera consciente tiene su dificultad, no nos engañemos,  pero la clave está en estar presente en el momento presente, en ser capaz de vivir el Aquí y el Ahora  sin filtro, sin expectativas. Pero a nuestro cerebro humano le gustan más los estados de ánimo negativos que los positivos, por inercia nuestro cerebro vive en la anticipación o en darle vueltas a las cosas del pasado y entonces surge la preocupación que no es más que intolerancia frente a la incertidumbre y en nuestra mente, repleta de problemas por adelantado, deja de haber espacio para las pequeñas alegrías de la vida.
¿Cómo podemos regular todo esto? Aceptando que no podemos controlarlo todo, que los problemas forman parte de la vida, aceptando la incertidumbre. ¿Cómo podemos ponerlo en práctica? SONRIENDO y así aumentaremos nuestros estados de ánimo positivos, DANDO UN PASEO y dejando un espacio físico entre el problema y nosotros, HABLANDO con otras personas, practicando la GRATITUD
En definitiva la felicidad es bienestar + conciencia, debemos recordar siempre y en todo lugar que la felicidad es efímera e intermitente, saber hallar dentro de la tristeza o la desdicha un momento para sonreír y asumir la imperfección nos predispone a la felicidad.