En la presentación de cualquier curso de formación del nivel que sea, usualmente, el profesor acostumbra a pedir a los asistentes que se presenten y expongan cuales son sus expectativas del curso que está a punto de iniciarse.
Hace tiempo asistí a un curso de Inteligencia Emocional y como era previsible apareció la pregunta sobre las expectativas. Todos escribimos obedientemente en un papel en blanco lo que esperábamos obtener de ese curso. El profesor puso una papelera en medio de la sala y nos invitó amablemente a que tiráramos nuestras expectativas a la basura. Mientras lo hacíamos iba hablando en voz alta y diciendo que lo único que nos podía garantizar en ese momento es que íbamos a vivir algo distinto a lo que esperábamos. Nos invitó a iniciar el curso intentando ser libres de deseos, expectativas o prejuicios porque según él era necesario que nos permitiéramos descubrir la experiencia sobre la marcha, sin forzar la realidad, de modo que todo aconteciera con fluidez. No se trataba de olvidar las expectativas, solo se trataba de dejarlas en segundo plano siendo conscientes de ellas pero sin dejar que ellas fueran las protagonistas de la historia que estaba a punto de empezar.
Extrapolando esta anécdota a la vida diaria, constato que a menudo creamos altas expectativas idealizando los momentos que están por llegar. Situaciones que vivimos ideales en la mente se vuelven normales en el instante que las vivimos y justo entonces notamos que las expectativas caen en picado y aparece la decepción. Igual la solución pasa por aprender a no tener expectativas, a no esperar situaciones ideales, a esperar solamente lo que ocurre y así la decepción desaparece como por arte de magia simplemente porque la expectativa no ha tenido cabida. Pero ¿Se puede vivir sin expectativas? Ese sería el camino fácil, el sencillo, el de no tener sueños, ni ideales, el de conformarse con lo que hay. O tal vez la solución esté en aprender a soñar sin esperar grandes cosas y ser capaces de dejarnos sorprender por los acontecimientos durante el camino.














