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16 de abril de 2011

Los sueños se hacen realidad


Hay días en que uno se cree aquello de Los sueños se hacen realidad, de esos días en que los sueños pasan del plano imaginario al real. Hoy es uno de esos días para mí.
Uno de mis sueños, dentro del ámbito Mi blog, era que algún día otro blog publicara un relato, microrelato o artículo de opinión firmado por Sybila Layna y que el día que eso ocurriera pudiese hacer un link desde mi blog a ese otro blog.  Lo desee y  lo apunté en mi lista de sueños por cumplir en el 2011. Dicen que el primer paso para que algo ocurra es desearlo, me atrevo a añadir que es además necesario realizar alguna acción para que se llegue a cumplir. Me moví en esa dirección. Gracias al impulso de quien me quiere bien y el beneplácito de Peri Lope de Librería Hispánica, lo veo hecho realidad. Me invade una agradable sensación de éxito, plenitud, gozo, de todas aquellas sensaciones que se sienten cuando uno consigue alcanzar lo que parecía imposible  y me creo a pies puntilla aquel eslogan publicitario “Impossible is nothing!” mientras pongo un “objetivo conseguido” al lado es este sueño hecho realidad.
No importa si el hito conseguido es grande o pequeño, si tiene gran relevancia o poca, si lo sabe todo el mundo o solo yo, lo que importa es que haya muchos días en que uno consiga lo que se proponga.
Sin más preámbulos, os dejo con mi link al blog de microrelatos  Sin trama ni final donde tengo el honor de presentar mi primer microrelato en público: Conversación silenciosa

12 de abril de 2011

Ver la vida pasar



A veces la vida me brinda la oportunidad de hacer un paréntesis, de estar en un lugar distinto del habitual en un momento concreto. Mis tardes son laborales y sin vistas pero la semana pasada la vida me regaló una tarde libre, unas horas que disfruté enormemente por su condición de únicas, atípicas e inusuales.
Me senté en un banco semicircular de madera en una recién estrenada zona peatonal a ver la vida pasar. Pude oír a mis hijos reír mientras jugaban a perseguirse entre los árboles, vi a nuestros mayores compartir tertulia,  a las adolescentes pasear bolsas de Zara hablando por el móvil… Las calles estaban abarrotadas de gente por todas partes, el calor de la recién estrenada primavera animaba a degustar el primer helado de la temporada. Una tarde con sabor a vainilla y de fondo una canción de la que recuerdo un verso “ La vida te da los besos que le puedas dar”
Me limité a gozar plenamente de mis inusuales horas libres a media tarde. Obligué a mi mente a dejar de lado mi sentimiento de culpa, acallé a mi instinto maternal que me susurraba que todo aquello es lo que me pierdo tarde tras tarde, respondí que es mejor tiempo de calidad que cantidad  pero en mi corazón sentí que alguien me robaba esos momentos. ¿Conciliar? Conciliar es una utopía en la empresa privada española de hoy en día, al menos en la que yo trabajo.

23 de marzo de 2011

No gracias


No acostumbro a cambiar de peluquería, para ser exactos hace años que voy a la misma. Me peinan divinamente sin tener que recordarles cada vez que voy que es lo que quiero. Me pongo en sus manos y paso ahí sentada 2 horas de cuerpo presente y mente ausente. Me dedico a leer algún libro que tengo entre manos esos días o a pensar algún post y hacer anotaciones. En fin que es un tiempo para mi misma con mínimas interrupciones.
Justo al lado de mi peluquería acaban de inaugurar una nueva. Es una franquicia con nombre inglés, de esas que ganas en dinero lo que pierdes en tiempo, de esas que no dan horas previas sino que llegas, coges un numerito de papel, te sientas y esperas a que te toque el turno durante horas si es preciso a cambio de un precio muy por debajo del usual.
Me percaté de la nueva peluquería de camino a la mía. La miré con curiosidad pero ni por un momento me planteé entrar por muy ingles que fuera el nombre y económico el precio. Soy de las que piensan que mi tiempo es oro y estoy dispuesta a pagar un poco más a cambio de que me atiendan diligentemente.
Cuando entré en mi acostumbrada, cálida y conocida peluquería noté algo distinto en el ambiente. Me costó descubrir que era pero finalmente constaté que era el olor a café  que había en el aire. Un aroma que aplacaba el típico olor a tinte mezclado con el olor a laca, champú o suavizante. Su olor era el de una cafetería que sirve café recién hecho. Me atendió una chica nueva en prácticas que sustituía a mi peluquera habitual  que se ve que estaba disfrutando de sus vacaciones de invierno.
Una vez protegida por una bata negra satinada me dispuse a sentarme para gozar de mi esperado tiempo para mí mientras transformaban mi aspecto. Nada más sentarme me pregunta la chica nueva “¿Quiere un café, un cortado, un capuchino, un té?” a lo que respondí con un escueto “No gracias” pero al momento  apareció delante de mí  un café nespresso en un vasito pequeño de plástico blanco. Lo dejé en la repisa.  A partir de cierta hora del día no tomo café pero ella eso no lo sabía. Al momento me empezó a invadir con revistas y más revistas como si fuera un kiosco ambulante: Hola, Marie Claire, Lecturas, Elle, Vogue, Mía, Mente Sana… y un sinfín de títulos más “¿Quiere una revista? Son todas nuevas de esta semana” a lo que me contesté otro “No gracias” pero hizo oídos sordos a mi cortés repuesta y me dejó sobreélas rodillas 3 de esas revistas encima del libro que tenía previsto abrir para leer en ese momento y añadió  “mejor lea una revista que es más entretenido” y empezó a hacer maravillas con mi pelo mientras no dejaba de hablar y hablar de nada en concreto y de todo en general. Me abrumó, me estresó, me cansó hasta el punto que deseé que se callara por culpa de un dolor de garganta o algún mal menor que la obligara a cerrar su boca y así neutralizar el sonido de su voz que me impedía oír mis propios pensamientos. Mis 2 anheladas horas de tranquilidad, paz y sosiego se transformaron en 2 horas de agobio y mal estar.
En el momento de pagar el importe era de 1 € más de lo que normalmente acostumbro a abonar y yo ni corta ni perezosa pregunto “¿Y este euro de más?” a lo que me respondió  “¿en qué cafetería le sirven un café, le dejan leer una revista nueva, le dan conversación por solo 1 euro? ¿A qué es genial todo lo que se lleva puesto y disfrutado solo por 1 euro de más?  ¿Que día le vuelvo a reservar hora?” a lo que respondí “el  día que vuelva de vacaciones María me parecerá genial”
Igual era una estrategia de marketing para afianzar las clientas asiduas y  que no tuvieran la tentación de irse a probar fortuna a la recién inaugurada competencia,  tal vez todo era una iniciativa de la chica nueva en practicas pero a mi no me gustó dejar de tener mis 2 preciadas y esperadas horas libres. Además me cobraron 1 € de más por recibir algo que ni pedí ni agradecí.  Sin lugar a dudas me espero a que vuelva María, mi peluquera de siempre,  para ver si recibo el servicio de siempre al precio de siempre ¿sino que sentido tiene seguir yendo a la peluquería de siempre si dejan de tratarme como siempre? Ningún sentido, ninguno.

14 de marzo de 2011

Dichosos móviles


¡Que silenciosa era la vida cuando no había móviles! Y es que desde que todo el mundo tiene móvil tener un momento de silencio es francamente difícil.
Se oyen musiquitas a todas horas mientras una va andando por la calle. Al  cabo de pocos  segundos se paran para dar paso a  una conversación personal y privada que ni me va ni  me viene. La gente sigue andando mientras habla, grita, gesticula, discute, hace las paces,  dice te quiero al aire, llora, ríe… pero en ese caso es soportable porque puedo escoger seguir escuchando o no, con cambiar de acera lo soluciono. Lo realmente horroroso es cuando una entra en el autobús y suena el móvil de la señora que está  al lado y me entero de lo que va a comprar, de donde venden las naranjas más baratas, que  los huevos rellenos de atún que hizo ayer a su marido le salieron bonísimos tal y como su  vecina le había contado. Suerte que el trayecto es corto y en 10 minutos  me libro de esa conversación. Peor es ir en el tren, estar sentada leyendo el periódico y que suene el teléfono del señor que tengo a mi lado. Me entero de todos los problemas de su oficina, oigo los gritos que da  a su supuesta secretaria por alguna negligencia y durante largos minutos no hago más que  desear SILENCIO  en silencio. ¿Dónde están los vagones silenciosos como en Suiza, de hace años,  donde una subía y nada se oía más que el silencio? Seguro que aquí los hay en alguna parte pero mira por donde yo no me he topado con ellos. Y es que al cabo del día ¡no llego a oír ni mis propios pensamientos!, solo hago que escuchar las vidas de personas desconocidas…
Si me quedo todo el día en la oficina la cosa no mejora. Cada hora, minuto arriba minuto abajo, oigo como mi compañera de trabajo que se pone en la zona de la máquina del café para llamar a su recién estrenado amor y endulza el café con palabras azucaradas, ¿Pero es necesario tanto? ¡Que estamos en el trabajo y uno debe aprender a “pasar las horas” sin oír al ser amado cada dos por tres! La pobre chica se debía pensar que no se la oye (aun que la zona del café es diáfana y sin paredes en medio de un pasillo concurrido) pero se la oye, mira si se la oye que la jefa el otro día nos envió un e-mail diciendo que teníamos que limitar el uso de los móviles personales a casos realmente urgentes. Aquí se tendría que detallar “urgentes” porque para mi compañera es una urgencia, una necesidad oír un te quiero cada hora.
Pero el caso más extremo para mí fue cuando en medio de una entrevista de trabajo que estaba realizando, al candidato le suena el móvil con una música moderna,  lo coge, mira la pantalla y ahora es cuando yo pensé “ no pasa nada, ahora lo silencia “ pero no, el señor descuelga mientras me dice “perdona, solo es un momento” y se pone a discutir con su ex mujer delante de mí sobre quien tiene que quedarse al niño ese fin de semana pues se ve que nadie lo quería ya que los dos tenían planes y el niño molestaba.  Aguanté esa conversación fuera de tono y de lugar por simple educación. Cuando colgó el dichoso móvil,   no le di opción, me levanté, le di las gracias y un adiós que no fue ni educado. Y es que a mí no me importa lo más mínimo la vida personal de las personas y menos en el momento que estoy decidiendo si les voy a dar un trabajo o no. ¿Pero es que la gente no es conciente de que mientras habla con ese aparatito la conversación se oye?, ¿Que las demás personas aun deseándolo no podemos cerrar las orejas como si fueran ojos? En 2 minutos supe todo lo que necesitaba saber. En ese caso se lo debo al móvil porque durante la entrevista se me habían pasado cosas por alto, mira por donde.
Silencio, silencio para oírme a mi misma sin tener que ponerme la música del Ipod que neutralice las conversaciones ajenas, eso es lo que me gustaría. ¿Educación? Igual si, igual pasa por la educación pero de momento me entero de un montón de cosas sin desearlo.

16 de diciembre de 2010

Hoy es el dia de la "i"


Todo empezó algún día previo al día de las recientes elecciones catalanas. Por el ambiente se repetía la frase “el día de ir a votar” y le gustó eso de poner acciones o nombres a los días. Desde entonces mi hijo de 6 años, hay días que  se levanta por la mañana y pone títulos al día. Desfilan “el día de las cosquillas”, “el día de la niebla”, “el día de los amigos”, “el día de los guantes” y el otro día fue el día de la i.
Hay días que una vez terminados no tienen efectos secundarios pero hay días que permanecen de cierta manera. El día de la i es de los que  permanecen. Y ahora son mami en lugar de mamá, igual que está la señi en lugar de la seño, o hermani, o papi o guapi o sispli, o porfi o  cualquier palabra que se le ocurra terminarla con “i”. Su hermana de casi 4 años se enfada porque su palabra preferida (Kitty) ya termina con el sonido “i” y no puede jugar con ella a ese juego. Las reglas del juego las ponen y las quitan a su antojo, repiten el título del día o no según se levantan porque si de algo son dueños los niños es de la libertad y de la imaginación sin límites.
Para mi la i hasta hace poco era solo esa vocal más esbelta que ocupaba el centro de las 5 vocales, solo la utilizaba como expresión “poner los puntos sobre las is” pero mira por donde ahora lo veo desde otro punto de vista.
Hoy se vuelve a repetir día de la i y me lo cuenta mientras tengo la cabeza en otra parte, mientras estoy en el “después” más que en el “ahora” mientras organizo mentalmente mi día. Les escucho de pasada, como de fondo y le oigo decir a su hermana iiiiiiiiiiiiiiiiii? Mientras la otra contesta iiiiiiiiiiiiiiii qué? Y él dice iiiiiiiiiiiiiiiiiiiii nada!! mientras se oye una sonora carcajada al ponerse los abrigos para ir al coli . En ese momento se me planta delante y me dice “ mami sonrie!!! que es el día de la “i” ji ji ji ji “ y se pone a reir con la i
He vuelto al ahora, he sido capaz por un instante de volver al presente y sonreír al mirar la vida a través de los ojos de un niño.