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31 de marzo de 2012

Viento del este, viento del oeste. Desierto



Me imagino que andar por el desierto, como hacían en otros tiempo,  debe resultar extenuante, aunque dicen que ver el cielo estrellado en una de esas noches,  es divino. En un desierto de Egipto transcurre esta historia.

A un monje que vivía en el desierto de Egipcio,  le atormentaban tantas  y tantas tentaciones que, finalmente, decidió abandonar a sus compañeros monjes  y marcharse a otra parte. Cuando estaba calzándose las sandalias para marcharse, vio, cerca de donde él estaba, a otro monje que también estaba poniéndose las sandalias.
"¿Quién eres tú?", preguntó al desconocido.
 "Soy tu yo", fue la respuesta. "Si es por mi causa por lo que vas a abandonar este lugar, debo hacerte saber que, vayas adonde vayas, yo iré contigo".
Anthony de Mello

22 de febrero de 2012

Viento del este, viento del oeste. La suerte




Me encanta que me hagan regalos inesperados, sorpresas agradables, detalles bonitos ¿A quién no? Recientemente (y sin pedirlo !! ), en un comentario de mi post Caballo desbocado, me han pasado un enlace de un cuento sufi realmente bonito. Sin esa persona saberlo, me ha regalado un cuento para mi preciosa colección Viento del este, viento del oeste. Cris Ham tiene un enriquecedor blog llamado Siguiendo a Hamelin que os recomiendo sin lugar a dudas.

Hoy viajamos a un remoto lugar de la antigua cultura árabe dónde.....

Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casita del campo. Se dedicaba a trabajar la tierra y tenía un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, era su bien más preciado. Un día el caballo se escapó saltando por encima de las bardas que hacían de cuadra. El vecino que se percató de este hecho corrió a la puerta de nuestro hombre diciéndole:

-Tu caballo se escapó, ¿que harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Dios lo sabe.

Pasó algún tiempo y el caballo volvió a su redil con diez caballos salvajes con los que se había unido. El vecino al observar esto, otra vez llamó al hombre y le dijo:

-No solo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez caballos más, podrás vender y criar. ¡Qué buena suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Dios lo sabe.

Más adelante el hijo de nuestro hombre montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y calló al suelo partiéndose una pierna. Otra vez el vecino fue a decirle:

-¡Qué mala suerte has tenido! Tu hijo se accidentó y no podrá ayudarte, tu eres ya viejo y sin su ayuda tendrás muchos problemas para realizar todos los trabajos.

El hombre, otra vez lo miró y dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte Sólo Dios lo sabe.

Pasó el tiempo y en ese país estalló la guerra con el país vecino de manera que el ejército iba por los campos reclutando a los jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al de nuestro hombre se le declaró no apto por estar imposibilitado. Nuevamente el vecino corrió diciendo:

-Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo rechazaron por su pierna rota. ¡Qué buena suerte has tenido!

Otra vez el hombre lo miró diciendo:

-¿Buena suerte o mala suerte Sólo Dios lo sabe.




10 de diciembre de 2011

Viento del este, viento del oeste. Kolam



Una persona que me quiere bien, cada vez que constata que  la tristeza, el agobio o un mal día perturban la sonrisa de mi rostro,  me repite incansablemente “Tú construyes tus días, como sea tu día depende de ti”. Realmente es así de simple y complicado a la vez, ser consciente de que cada día que la vida nos brinda podemos pintarlo de tonos oscuros o alegres, todo depende de cada uno.
Hay una tradición hindú que escenifica a la perfección este concepto; el kolam. En muchas aldeas hindúes es habitual ver personas barriendo el suelo del portal de su casa al despuntar el sol. Lo limpian, lo alisan si es de tierra, cogen tizas blancas o de colores, tierra de diferentes tonos,  pintura,  hojas de distintas plantas, palitos o materiales que tienen a mano y dibujan formas geométricas, a veces florales, con círculos o espirales. Imágenes que aparecen dejándose llevar por su inspiración. Los kolam, estos recreativos dibujos que nos recuerdan a los Mandalas, los realizan mientras meditan, dan las gracias y la bienvenida a un nuevo día expresando así que se sienten agradecidos por la oportunidad de vivir veinticuatro horas más. Pero por bonito que les haya quedado el dibujo de bienvenida a un nuevo día, lo que hacen a la mañana siguiente cuando el sol despunta, es borrar el dibujo que tan cuidadosa y creativamente había realizado el día anterior. Se desprenden de él y crean uno de nuevo para el nuevo día que acaba de empezar.
Es una metáfora de la vida. Por maravilloso que haya sido el día anterior, por bonito que sea el dibujo de ayer, si nos aferramos a lo que hemos vivido no construimos nada nuevo en el día actual. Debemos desprendernos del dibujo anterior, guardarlo en la memoria, en el corazón, sabiendo que cada día tiene su propio dibujo y que nosotros mismos debemos construirlo. Kolam es renovación diaria, inaugurar y celebrar la vida. Nos quedamos con la parte intangible del aprendizaje, de lo maravilloso que ha sido y a partir de aquí seguimos avanzando sabiendo que cada día es único y que nunca habrá otro igual.

21 de noviembre de 2011

Vientos del este, vientos del oeste. Revelación





Cuenta una leyenda budista que hace muchos años, en una aldea rural, vivía un niño que solía lamentarse por el estado en que se encontraba el mundo. El pequeño pasaba tardes enteras llorando por la destrucción que estaba sufriendo el planeta. También le avergonzaba no poder hacer nada por todas las injusticias que estaban cometiéndose en los países más pobres, y se sentía especialmente triste por las graves consecuencias que tenían la guerra y el hambre sobre la vida de millones de seres humanos. Durante su juventud, se convirtió en un destacado activista. Frustrado por no conseguir los cambios que deseaba al llegar a la madurez centró sus críticas y juicios en su mujer y sus hijos. Ya anciano, antes de fallecer experimentó una revelación que dejó grabada en su epitafio: “Cuando era niño quería cambiar el mundo. Cuando era joven quería cambiar el país. Cuando era adulto quería cambiar a mi familia. Y ahora que soy un anciano y que estoy a punto de morir, he comprendido que si hubiera cambiado yo, habría cambiado todo lo demás”

Leyenda budista       

3 de noviembre de 2011

Viento del este, viento del oeste. El ojo


Una antigua historia africana explica que un hipopótamo cruzaba un pantano cuando, de repente, se le cayó uno de los ojos al agua. El hipopótamo se puso a buscarlos por todos lados, quejándose por su mala suerte y su mala vista, dando vueltas y más vuelas. Buscaba a su derecha, a su izquierda y a su espalda, pero no había manera de encontrar el ojo extraviado. Al ver tal arrebato, los pájaros del río le gritaron a coro: “calma, tienes que concéntrate si quieres volver a ver con tus dos ojos”. Pero el hipopótamo estaba demasiado ocupado lamentándose como para escucharlos. Al cabo de un rato,  a los gritos de los pájaros se sumaron las ranas del río. Cuando el estruendo superó el volumen de sus protestas, el hipopótamo se quedó quieto  y los miró. De inmediato, el limo y el barro que había removido con sus patas se depositaron en el fondo del pantano. Y entre sus patas, dentro del agua que volvía a estar clara, el hipopótamo encontró su ojo.

                                                                                                                      Cuento africano

20 de septiembre de 2011

Perlas de motivación. Determinación



Hace más de 2200 años, se desató una rebelión campesina contra la dominación de la dinastía Qin, la primera dinastía feudal de China. Xiang Yu, líder de la insurrección, con sus ocho mil seguidores, combatía en las zonas del curso inferior del río Huaihe. En una ocasión, Xiang Yu ordenó a todos sus seguidores a cruzar el río Zhanghe para atacar a dos mil soldados de la dinastía Qin comandados por el general Zhang Hang.

Después de atravesar el río, Xiang Yu dio la orden de que cada soldado tenía que llevar consigo comida suficiente para tres días, y después romper todas las ollas y hundir todos sus barcos. Ante tales instrucciones, los soldados preguntaron:

- ¿Por qué hemos de destruir los barcos?, ¿cuál será nuestra salida?

- La orden del comandante tiene que ser cumplida —dijo Xiang Yu a sus combatientes—.

- Ahora, sin ollas ni barcos, podremos y deberemos luchar y avanzar. Retirarnos sería la muerte.

Los de Xiang Yu, privados de toda posibilidad de supervivencia, lucharon heroicamente contra el enemigo hasta derrotar a los dos mil soldados de la dinastía Qin.

Es
ta batalla dio gran fama a Xiang Yu, y veinte siglos han pasado desde que se originó este proverbio, pero aún hoy, los chinos lo utilizan para expresar la férrea determinación de hacer algo.

19 de julio de 2011

Viento del este, viento del oeste. Sé lo que pido




Este relato cayó en mis manos hace unas semanas pero en ese momento no le di mayor importancia, supongo que no era el momento adecuado ni el lugar adecuado.  Hoy ha regresado a mí y simplemente le he dedicado la atención que se merecía. Al leerlo pausadamente me ha susurrado que era un relato para mi sección Vientos del Este, Vientos del Oeste. A veces solo es necesario escuchar el sonido del viento para saber el camino a seguir.
*****

Si tuviera que hacer un listado de palabras o sensaciones relacionadas con la India me vendrían a la mente; Taj Mahal y el amor eterno, Ganges, país inmenso, pobreza, sonrisas de bombay, Buda, colores vivos, cultura milenaria,  reencarnación,  las castas , Gandhi y la No violencia entre otras.

Una mujer fue con su hijo a ver a Gandhi. Gandhi le preguntó que quería y la mujer le pidió que consiguiese que su hijo dejase de comer azúcar, que comía tanto que estaba empezando a hacerle daño. Gandhi le contestó: "Traiga usted otra vez a su hijo dentro de dos semanas". Dos semanas más tarde la mujer volvió con su hijo. Gandhi se volvió hacia el niño y le dijo: “Deja de comer azúcar”. La mujer muy sorprendida le preguntó: "¿Por qué he tenido que esperar dos semanas para qué usted le dijese eso? ¿No podía habérselo dicho hace quince días?" Gandhi contestó: "No, porque hace dos semanas yo también comía azúcar".

11 de junio de 2011

Viento del este, viento del oeste. Triple filtro



La antigua Grecia siempre me ha cautivado, me la imagino como un hervidero de conocimiento, de sabios que se cruzan, de pensamientos filosóficos a flor de piel en cada rincón. Sí, es cierto, me habría gustado ser una de las personas que en su día pudo mantener una agradable conversación con Sócrates, empaparme de su mente, de sus conocimientos y de los de sus contemporáneos.

Cuenta una historia, que una hermosa mañana en la Antigua Grecia, el gran filósofo Sócrates andaba paseando de camino a su casa cuando le abordó un joven alumno. Sin más preámbulos, éste se dirigió a su maestro y le dijo:

- ¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?

- Espera un minuto - replicó Sócrates. Antes de decirme nada quisiera que pasaras un pequeño examen. Yo lo llamo el examen del triple filtro.

- ¿Triple filtro? – contestó sorprendido el joven-

-Correcto -continuó Sócrates- . Antes de que me hables sobre mi amigo,
puede ser una buena idea filtrar tres veces lo que vas a decir. Es por eso que lo llamo el examen del triple filtro. El primer filtro es la verdad. ¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?

- No -dijo el hombre-, en realidad me llegó el rumor de que …

- Está bien -dijo Sócrates- . Entonces realmente no sabes si es cierto o no.
Ahora permíteme aplicar el segundo filtro, el filtro de la bondad. ¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?

- No, por el contrario...

- Entonces, deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de
que sea cierto. Pero podría querer escucharlo porque queda un filtro: el filtro de la utilidad. ¿Me servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?
Tras unos momentos de indecisión, el joven respondió:

- No, la verdad es que no.

- Bien -concluyó Sócrates-, si lo que deseas decirme no es cierto, ni
bueno, e incluso no es útil… ¿Para qué querría saberlo?

14 de mayo de 2011

Viento del este, viento del oeste. 1000 grullas de papel



Soy de las que piensan que las cosas no ocurren por casualidad. Siempre hay un motivo inapreciable a simple vista que con el tiempo aflora. Hace unos días tropecé en Google con una imagen de  las grullas de papel y me cautivó por su alegre colorido pero en ese momento estaba inmersa en la búsqueda de otra imagen para un post y no le di la importancia que se merecía. 


No recuerdo fácilmente mis sueños. Es mi gran asignatura pendiente. Pero esforzándome en el momento de despertarme, a veces recuerdo alguna imagen, algo de lo que estirar si me quedo un rato quieta y atenta. Una mañana de esta semana he recordado la anterior imagen de las grullas de papel. Veía esa rastra de papeles de variados colores meciéndose con una suave brisa en el Nepal. Era un instante de mi sueño, de un sueño que poco a poco fui recordando. Es agradable recordar un sueño porque una se da cuenta de todo lo que queda en el subconsciente almacenado, que toma forma sin yo poder orquestarlo.
Evidentemente busqué de nuevo esa imagen en Internet y la historia que había detrás. Me pareció tierna, esperanzadora, utópica a la vez que triste. Enseguida pensé en mi sección “Vientos del este, vientos del oeste” y en enmarcarla en mi querida Semana de la Utopía 


Una antigua leyenda japonesa promete que cualquiera que haga mil grullas de papel recibirá un deseo de parte de una grulla y conseguirá una larga vida, felicidad o el deseo que uno quiera.  
Recientemente las grullas de origami se hicieron famosas a nivel mundial con la historia de la niña Sadako Sasaki, víctima de la bomba atómica de Hiroshima durante la II Guerra Mundial. Superviviente de la explosión, a los nueve años cayó enferma de leucemia. Una amiga le recordó la tradición de los origamis y se propuso completar las mil para pedir como deseo la curación de los afectados y la paz. Pero Sadako no lo consiguió y falleció. Sus compañeros de clase completaron las figuras de papel que faltaban y años después Hiroshima levantó un monumento en su recuerdo en el Parque de la Paz, epicentro de la explosión y donde aún un edificio en ruinas recuerda aquella tragedia. Su emotiva historia rápidamente se hizo famosa en Japón y occidente. Hoy miles de grullas de papel reposan bajo el monumento como una continuación del sueño de Sadako.

El país del amanecer de nuevo me conmueve por su gran capacidad de regenerarse, de crear esperanza, de aferrarse al detalle, a lo cotidiano para mantener la fe en uno mismo, de coger fuerzas de donde no las hay para seguir adelante hasta el último momento. Concentrarse, creer, trabajar en algo, focalizar la atención, mantener la ilusión son las bases de cualquier proyecto o deseo y construir 1000 grullas de papel una bonita forma de reafirmarlo día tras día.



19 de abril de 2011

Viento del este, viento del oeste. La cultura nipona





Introducción

Con este post sobre La cultura nipona  abro una nueva sección Viento del este, viento del oeste donde tiene cabida cualquier leyenda, fábula, cuento, historia o frase que nos acerquen un poco más a los rasgos de la cultura de un país.  Solo pretendo acercarme a través de estas leyendas a la manera de ser de un pueblo, a los rasgos psicológicos que los caracterizan, a su cultura, a su sociabilidad, a aquello que los hace o ha hecho diferentes de los demás, a sus luces y sombras y así llegar a  entender mejor una cultura distinta a la nuestra.


La cultura nipona


Cerca de la estación de Shibuya en Tokio, se erige la estatua de Hachiko, un perro de raza Akita. El perro más famoso de Japón. La fábula de Hachiko se explica desde hace décadas a los niños. La historia dice que un profesor de Universidad de Tokio, Hodesaburo Ueno, adoptó a Hachiko en 1924. El perro acompañaba cada día a su dueño a la estación de Shibuya, donde el hombre tomaba el tren para acudir a la universidad. Cuando el profesor regresaba, ahí estaba Hachiko. Pero Ueno falleció en 1925 mientras daba clase y nunca más volvió. Hachiko continuó esperando el retorno de su amo, día tras día, durante diez años en la estación de Shibuya. 
El perro alcanzó cierta fama entre los vecinos del barrio, y se convirtió en un auténtico fenómeno nacional cuando uno de los antiguos alumnos de Ueno escribió un artículo sobe él en un diario. Incluso levantaron una estatua de bronce en su honor cerca de la estación. Hachiko murió en 1935 y la estatua desapareció durante la Segunda Guerra mundial. El Gobierno necesitaba hacer acopio de bronce para fabricar armamento. Tras la contienda, Japón volvió a dedicar una escultura al perro para recordarles las virtudes más valoradas en la cultura nipona.
Os invito a hacerme llegar leyendas o historias que conozcáis o links donde encontrarlas para ir desgranando las culturas del mundo entre todos.