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7 de enero de 2012

El camino del Tao


Hace unos días leí una entrevista en La Vanguardia realizada Lou Marinoff, doctor en Filosofía de la Ciencia Lou. Comenta de manera clara y sencilla los fundamentos de la filosofía taoísta y las resume en 3 ideas: la complementariedad, la armonía y el cambio.

La imagen del Yin y del Yang nos viene a la cabeza al instante al hablar del Tao. El yin-yang es el centro de esta filosofía. Para los chinos todo está en equilibrio; la oscuridad contiene la claridad y viceversa. No tienen opuestos como día y noche, bueno y malo, solo complementarios. La primera enseñanza del Tao es la complementariedad: todas las cosas forman parte de un todo, cualquier acto que realicemos tiene consecuencias. 
La segunda gran lección es la armonía que se alcanza equilibrando la adversidad, no imponiendo una uniformidad. Nacemos como un bloque intacto, luego la vida nos va tallando, haciendo que adoptemos formas extrañas. Se trata de volver a ser ese bloque intacto, es decir, que las fuerzas exteriores no nos modifiquen. Esto se consigue con la práctica: regulando la respiración, apangando la mente, dejando de depender de la mente y del ego.
La tercera lección es el cambio continuo. Los taoístas (siglo VI a.C.) fueron los primeros en darse cuenta de que los cambios son legítimos, no accidentales. Hay que volverse flexible, dejar de ser rígido. La rigidez es causa de infelicidad. Uno cree que el mundo tiene que ser de cierta manera y cuando el mundo no encaja en esa idea no sabemos cómo afrontarlo.

Al igual que el Tao tiene 3 grandes lecciones, también tiene 3 grandes venenos: la ira, la envidia y la avaricia porque impiden la felicidad. La ira convertida en acción se multiplica pero si cuando nos enfadamos nos detenemos, desactivamos la ira. Debemos tomar perspectiva.
El Tao nos invita a ir por vía blanda, es la más poderosa; “Lo débil puede vencer a lo fuerte y lo blando a lo duro”. El agua, yin, fluye, no tiene una forma definida, pero pulveriza las rocas.
Lou Marinoff concluye diciendo que debemos celebrar la vida, estar agradecidos por este regalo temporal, cada momento es valioso. Mientras consideremos que hay que celebrar la vida cultivaremos bienestar. El problema surge cuando lo que tenemos lo damos por hecho, entonces dejamos de valorar, de agradecer y el bienestar se diluye.

Fuentes:
La Contra.  La Vanguardia 03/01/2012