Soy de las que piensan que las cosas no ocurren por
casualidad. Siempre hay un motivo inapreciable a simple vista que con el tiempo
aflora. Hace unos días tropecé en Google con una imagen de las grullas de papel y me cautivó por su alegre
colorido pero en ese momento estaba inmersa en la búsqueda de otra imagen para
un post y no le di la importancia que se merecía.
No recuerdo fácilmente mis sueños. Es mi gran
asignatura pendiente. Pero esforzándome en el momento de despertarme, a veces
recuerdo alguna imagen, algo de lo que estirar si me quedo un rato quieta y
atenta. Una mañana de esta semana he recordado la anterior imagen de las
grullas de papel. Veía esa rastra de papeles de variados colores
meciéndose con una suave brisa en el Nepal. Era un instante de mi sueño, de un
sueño que poco a poco fui recordando. Es agradable recordar un sueño porque una
se da cuenta de todo lo que queda en el subconsciente almacenado, que toma
forma sin yo poder orquestarlo.
Evidentemente busqué de nuevo esa imagen en Internet
y la historia que había detrás. Me pareció tierna, esperanzadora, utópica a la
vez que triste. Enseguida pensé en mi sección “Vientos del este, vientos del
oeste” y en enmarcarla en mi querida Semana de la Utopía
Una
antigua leyenda japonesa promete que cualquiera que haga mil grullas de papel
recibirá un deseo de parte de una grulla y conseguirá una larga vida, felicidad
o el deseo que uno quiera.
Recientemente
las grullas de origami se hicieron famosas a nivel mundial con la historia de la niña
Sadako Sasaki, víctima de la bomba atómica de Hiroshima durante la II Guerra Mundial.
Superviviente de la explosión, a los nueve años cayó enferma de leucemia. Una
amiga le recordó la tradición de los origamis y se propuso completar las mil
para pedir como deseo la curación de los afectados y la paz. Pero
Sadako no lo consiguió y falleció. Sus compañeros de clase
completaron las figuras de papel que faltaban y años después Hiroshima levantó un monumento
en su recuerdo en
el Parque de la Paz, epicentro de la explosión y donde aún un edificio en
ruinas recuerda aquella tragedia. Su emotiva historia rápidamente se hizo
famosa en Japón y occidente. Hoy miles de grullas de papel reposan bajo el
monumento como una continuación del sueño de Sadako.
El
país del amanecer de nuevo me conmueve por su gran capacidad de regenerarse, de
crear esperanza, de aferrarse al detalle, a lo cotidiano para mantener la fe en
uno mismo, de coger fuerzas de donde no las hay para seguir adelante hasta el último momento. Concentrarse,
creer, trabajar en algo, focalizar la atención, mantener la ilusión son las
bases de cualquier proyecto o deseo y construir 1000 grullas de papel una
bonita forma de reafirmarlo día tras día.








