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22 de abril de 2012

La hora de los libros




Los periódicos locales del día de hoy, han sido la antesala perfecta de lo que acontecerá mañana. Páginas de dominicales llenas de reseñas de libros, recomendaciones y alusiones a la fiesta del libro. El 23 de abril, Sant Jordi, siempre ha sido mi fiesta tradicional favorita en muchos aspectos pero de eso ya hablé el año pasado. Este año me apetece más entablar conversación con vosotros de la misma manera que han hecho en un reportaje de Lectura de Segre dónde han preguntando a 20 personas ilustres sus hábitos de lectura. Al ir leyendo las respuestas he pensado que sería interesante extrapolarlas a vosotros, mis blogs habituales.

Así que os propongo un Meme sencillo y rápido. Consistirá en responder las preguntas sobre vuestros hábitos de lectura y publicarlas en vuestros blogs  en forma de post,  como título La hora de los libros y haciendo alusión al blog del que procede el Meme. Así mismo deberéis pasar el testigo a 3 blogs más.

Las preguntas son:
1-¿Cuál es el libro que estás leyendo ahora?
2-¿Cuándo acostumbras a leer?
3-¿Cómo marcas la página por la que cual vas?
4-¿Subrayas o haces anotaciones?
5-¿Qué te motiva a leer un libro en concreto?
6-¿Qué tipo de libros son tus favoritos?
7-¿Un libro que te haya marcado?
8-¿Alguna costumbre o manía relacionada con los libros que lees?

Para empezar las respondo yo y luego os paso el testigo.

1-¿Cuál es el libro que estás leyendo ahora? Normalmente leo como mínimo 2 libros a la vez; una novela y algún libro que hable sobre la mente. Ahora mismo leo “En el país de la nube blanca” y “Sincroniza tu vida” de Juna Albert. “En el país de la nube blanca” de Sarah Lark, me topaba con él por todas partes pero no acababan de llamarme la atención sus 700 páginas aunque como buscaba algo ambientado en Nueva Zelanda y de lectura ágil,  me decliné por este. Trata de la saga de varias familias que surgen en Nueva Zelanda. Futuras esposas emprenden una travesía en barco desde Inglaterra hacía el extremo opuesto del mundo con el objetivo de casarse con terratenientes del lugar. Detalla la historia de Nueva Zelanda desde sus orígenes y la difícil convivencia con los maories. Es el primero de tres libros. En cuanto a “Sincroniza tu vida” plantea el reto de desarrollar el Hemisferio Derecho a partir de entender como funciona.

2-¿Cuándo acostumbras a leer? Leo sobretodo de noche antes de irme a dormir pero también al mediodía en algún parque o cafetería.

3-¿Cómo marcas la página por la que cual vas? Siempre con un punto de libro. Nunca doblo las páginas

4-¿Subrayas o haces anotaciones? Si el libro es mío hago anotaciones al margen o subrayo pero si son de la biblioteca o prestados, no. Entonces pongo post-its en las frases importantes y si al terminar el libro me siguen pareciendo interesantes las copio

 5-¿Qué te motiva a leer un libro en concreto? Normalmente me dejo aconsejar por blogs de mis habituales o por recomendaciones en la prensa. Aunque también me dejo seducir libremente cuando entro en una librería. Es un placer abrir, mirar, encontrar un libro perfecto del que no había oído hablar nunca antes.

6-¿Qué tipo de libros son tus favoritos? Las novedades, novelas contemporáneas, libros de psicología, de la mente humana.

7-¿Un libro que te haya marcado? Uno de los primeros que leí siendo adolescente “ Mecanoscrit del segon origen” de Pedrolo. Por ser un libro donde prevalecía la esperanza y amor después de la destrucción del mundo.

8-¿Alguna costumbre o manía relacionada con los libros que lees? Cuando compro un libro leo siempre la dedicatoria y debajo escribo el nombre de la librería donde lo he comprado, la ciudad y el día.

Si os parece bien os dejo el testigo a unos cuantos aunque siempre seréis bienvenidos todos los que deseéis participar libremente.

-Kira. Kira Permanyer
-Pepe Cahiers . La guarida del eremita
-natsnoC. Chez Morera
-Maeglin. El patio de los Senescales
-Sory. La ventanita de Sory

13 de febrero de 2011

Una nueva vida ( I )



Cuando, poco a poco, vamos transcendiendo nuestra identidad, nuestro ego, empezamos a tener una experiencia completamente diferente de nosotros mismos y de la realidad. Hay una metáfora que se utiliza mucho para describir este proceso. Imagine el lector que durante toda su vida se ha creído que era el personaje de una película. La película es propia vida como normalmente experimentamos, con sus momentos de alegría y sus momentos de profunda tristeza.
Ahora, imagínese por un instante que se diera cuenta de que usted no es ninguno de los personajes de esa película, sino que es un espectador dentro de un cine. Aunque pueda llorar y reír con lo que les pasa a los personajes, usted sabe que no es ninguno de ellos. Cuando quedamos envueltos en uno de los personajes de la película, creemos que somos eso y nada más que eso. Esto es una plena identificación con nuestra personalidad. Sin embargo, cuando nos damos cuenta de que en realidad somos el espectador que contempla la película, entonces nos estamos identificando con nuestra verdadera esencia, con lo que somos en realidad. Éste es el plano del ser: hemos trascendido el personaje y nos hemos encontrado con nuestra verdadera naturaleza que es espiritual. Es esta distancia del drama lo que le permite mantener una serenidad y una ecuanimidad sea lo que sea lo que ve en la pantalla. Por eso, hay personas que ante las circunstancias más duras no pierden ni su equilibrio ni su paz interior.

Extracto del libro “Reinventarse”  del  Dr. Mario Alonso Puig

27 de enero de 2011

Ya no puedo conformarme en observar sólo la superficie


Esta mañana ha caído un libro en mis manos Ladrón de cerebros  y he leído casi por inercia la introducción, esas primeras líneas que el autor nos regala en un libro. Es algo que acostumbro a hacer como otras muchas cosas en mi vida, por inercia, por costumbre, por hábito…No esperaba sorprenderme al leerlo y tal vez por eso me ha sorprendido tanto. Transcribo aquí un extracto y remarco las frases que más me han cautivado.

Recuerdo estar sentado frente al océano en un lugar recóndito de la península de Zapata, cerca de Playa Girón. Antonio nos había conducido hasta allí con la promesa de mostrarnos una de las zonas costeras con más encanto de Cuba.
No había exagerado. El entorno natural era precioso, se respiraba una paz absoluta, y el mar se mostraba solemne. «Inmejorable», pensé para mis adentros. Entonces Antonio se acercó ofreciéndome unas gafas de bucear. «Muchas gracias, Antonio, pero ahora no me apetece demasiado. No soy muy diestro en el agua y me da un poco de pereza. Además, el paisaje en sí ya es idílico.» Antonio insistió hasta convencerme. A los pocos minutos me puse las gafas y empecé a caminar hacia la orilla sin grandes expectativas, con el único objetivo de distraerme un poco. No tenía ni idea de qué me esperaba. Nada más sumergir la cabeza en el mar mis ojos se abrieron como platos. La roca sobre la que había estado descansando estaba rebosante de corales preciosos, varios peces de colores nadaban a mí alrededor, y al girarme  divisé una tortuga alejándose pausadamente a escasos 25 metros. No recuerdo el tiempo que pasé absorto observando ese espectáculo inesperado, pero sí tengo muy presente mi reacción en cuanto salí de él: ¿cómo podía tener esa maravilla tan cerca y no ser consciente de ello? ¿Cómo podía haber estado a punto de perdérmela? No sé cuántas veces agradecí a Antonio su insistencia al ofrecerme las gafas y permitirme descubrir lo que para mí era un mundo desconocido. Cuando dirigí de nuevo la mirada al océano continuaba siendo precioso, pero ya no podía conformarme en observar sólo su superficie.

Y eso es justamente lo que pienso yo de la vida, que a veces pensamos que lo que tenemos es Inmejorable, que en si mismo ya es idílico  y de repente olvidamos que hay muchas cosas delante, detrás, debajo o arriba de esa vida,  muchas cosas esperando ser descubiertas y que sólo es necesario un poco de curiosidad para encontrarlas, para vivirlas y sentirnos aún más plenos dentro de este mundo. Cuando las descubrimos simplemente ya no hay vuelta atrás, ya no hay retorno, ya no podemos conformarnos con mirar sólo el océano aunque sigue siendo precioso, ya no podemos conformarnos en observar sólo su superficie. Cuando se siente esa inmensidad no saber bucear no es un excusa sino una motivación añadida para seguir buscando, indagando, descubriendo y encontrando maravillosos mundos nuevos que nos brinden nuevas experiencias, nuevas sensaciones sin las que ya no es posible vivir. De repente se cambia de nivel, se observa la vida desde otra perspectiva y uno ya no puede volver al eslabón anterior.
En mi caso tengo claro que ya no puedo conformarse en observar sólo la superficie.



24 de septiembre de 2010

Generación Nespresso


Pertenezco a la Generación Nespresso, esa generación con prisa y sin pausa, la del aquí y ahora como imperativo, la de la impaciencia, la que lo quiere todo al instante. Antes, preparar un café en casa era un ritual que implicaba paciencia y tiempo: desenroscar la cafetera, llenar el filtro de café molido, volverla a cerrar, esperar a que el fuego hiciera subir el café con su sonido inconfundible. Hoy podemos preparar un café igual de aromático y delicioso en cuestión de segundos colocando una cápsula en la máquina tipo Nespresso. Esa urgencia es la que domina el resto de nuestra vida. Vivimos dentro de la cultura de la impaciencia. Tal vez Internet y el móvil nos han ayudado a vivir volcados  a los resultados inmediatos, cada vez estamos más acostumbrados a ese tiempo de reacción instantáneo y cualquier cosa que se dilate demasiado nos molesta. Atrás queda esa época en la que las personas se escribían largas cartas manuscritas explicando pedazos de sus vidas y el correo se encargaba de hacerlas llegar a su destino al cabo de días o semanas. Ahora con abrir el correo electrónico recibimos noticias al instante de cualquier parte del mundo y de cualquier persona. Pero ¿vivir así nos hace más felices? ¿Dónde está el placer de la espera?. Ayer mismo un buen amigo me comentaba "...pero, ten paciencia ¿vale?..." y le hice caso aunque para él es más sencillo porque es un hombre paciente, sumamente paciente. En mi gobierna la impaciencia de forma innata la cual intento aplacar con lecturas como Elogío a la lentitud de Carl Honoré donde nos comenta su filosofía de la lentitud (filosofía slow) que podría resumirse en una sola palabra: equilibrio. Actuar con rapidez cuando tiene sentido hacerlo y lento cuando la lentitud es lo más conveniente. Tratar de vivir en lo que los músicos llaman el tempo giusto, la velocidad apropiada. Soy de la Generación Nespresso, lo reconozco,  porque la vida me engulle, el día a día se apodera de mi como si viviera dentro de un torbellino pero mi mente desea alcanzar el tempo giusto, el equilibrio, que la paciencia brotará de mi interior como una flor en primavera… todo se andará.

Las grandes leyes de la naturaleza son:
no corras, no seas impaciente y
confía en el ritmo eterno
Nikos Kazantzakis