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8 de septiembre de 2011

Había una vez un leñador


Había una vez un leñador que se presentó a trabajar en una maderera. El sueldo era bueno y las condiciones de trabajo mejores aún, así que el leñador se propuso hacer un buen papel. El primer día se presentó al capataz, que le dio un hacha y le asignó una zona del bosque. El hombre, entusiasmado, salió al bosque a talar. En un solo día cortó dieciocho árboles. -Te felicito, le dijo el capataz. Sigue así. Animado por las palabras del capataz, el leñador se decidió a mejorar su propio trabajo al día siguiente. Así que esa noche se acostó bien temprano. A la mañana siguiente, se levantó antes que nadie y se fue al bosque. A pesar de todo su empeño, no consiguió cortar más de quince árboles. -Debo estar cansado, pensó. Y decidió acostarse con la puesta de sol. Al amanecer, se levantó decidido a batir su marca de dieciocho árboles. Sin embargo, ese día no llegó ni a la mitad. Al día siguiente fueron siete, luego cinco, y el último día estuvo toda la tarde tratando de talar su segundo árbol. Inquieto por lo que diría el capataz, el leñador fue a contarle lo que le estaba pasando y a jurarle y perjurarle que se estaba esforzando hasta los límites del desfallecimiento. El capataz le preguntó: -¿Cuándo afilaste tu hacha por última vez?. -Afilar, no he tenido tiempo para afilar. He estado demasiado ocupado talando árboles.

11 comentarios:

la reina del mambo dijo...

Suele pasarnos lo que a ese leñador; nos esforzamos tanto que nos olvidamos de ciertos ´´ detallitos``.
Un beso

natsnoC dijo...

Y es que no sólo hay que actuar, a veces conviene combinarlo un poco con eso de pensar. Realmente funciona (pero si nos dedicamos sólo a pensar tampoco batiríamos muchos récords de tala).

Sory Escudero dijo...

Nos levantamos con el acelerador puesto en el cuerpo y en la mente y es conveniente ir más despacio si no queremos sufrir "accidentes".
Besitos

JLin dijo...

Actuar así a lo loco y sin tener en cuenta mil detalles nunca es bien negocio, y mira que a mi mismo se me olvida muchas veces afilar el hacha :-)
Me gusta cuando nos haces pensar y reflexionar con tus posts, cosa que suele pasar muy a menudo, me parece precioso y genial ;-)

Clementine dijo...

Pues en mi caso, yo creo que me entretengo demasiadas veces en afilar el hacha. Ay, ese equilibrio...

A-B-C dijo...

Curiosísimo relato

Layna dijo...

Reina. Pues tendremos que pensar en esos “detallitos” ¿no crees?

natsnoC. En eso de combinar las dos cosas yo creo que tú te llevas la palma sobretodo a la hora de llevar a término un plan de acción pensado de antemano. Pensar y luego actuar es la clave ¿no crees?

Sory. Siiii es cierto, vamos acelerados a todos los niveles y eso al final pasa factura.

JLin. Hombre, tener en cuenta mil detalles resulta algo complicadillo pero fijarnos en algún que otro detalle antes de actuar siempre es recomendable. Gracias!! :-)

Clementine. Pues si tu pareces tan equilibrada!!! Pues ya sabes: actúa más pero sin pensar menos!!

A-B-C. Cierto, es curioso a la vez que aplicable.

PEPE CAHIERS dijo...

Jejejeje, buena historia. Sería como escribir con un lápiz y no sacarle punta.

Clementine dijo...

Tú lo has dicho, Layna, parezco, parezco... Pensar menos es precisamente lo que me hace falta a mí.
Cahiers, me encanta tu escueto comentario.

Layna dijo...

Cahiers. Pero que gracioso que estás!! será que es viernes... pues sí, como escribir y no afilar nunca el lápiz!

Clementine. Pensar menos es sencillo...ocupa la mente en algo que te entretenga y al final se deja de pensar y divagar...a mi me va bien. Un beso

Clementine dijo...

¿Y si tienes siempre la mente entretenida? Mi problema no está en divagar, sino en que en ocasiones, más de las que debiera, me lo pienso demasiado antes de actuar... Me voy a comprar otro hacha que no haya que afilar tanto.