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23 de marzo de 2011

No gracias


No acostumbro a cambiar de peluquería, para ser exactos hace años que voy a la misma. Me peinan divinamente sin tener que recordarles cada vez que voy que es lo que quiero. Me pongo en sus manos y paso ahí sentada 2 horas de cuerpo presente y mente ausente. Me dedico a leer algún libro que tengo entre manos esos días o a pensar algún post y hacer anotaciones. En fin que es un tiempo para mi misma con mínimas interrupciones.
Justo al lado de mi peluquería acaban de inaugurar una nueva. Es una franquicia con nombre inglés, de esas que ganas en dinero lo que pierdes en tiempo, de esas que no dan horas previas sino que llegas, coges un numerito de papel, te sientas y esperas a que te toque el turno durante horas si es preciso a cambio de un precio muy por debajo del usual.
Me percaté de la nueva peluquería de camino a la mía. La miré con curiosidad pero ni por un momento me planteé entrar por muy ingles que fuera el nombre y económico el precio. Soy de las que piensan que mi tiempo es oro y estoy dispuesta a pagar un poco más a cambio de que me atiendan diligentemente.
Cuando entré en mi acostumbrada, cálida y conocida peluquería noté algo distinto en el ambiente. Me costó descubrir que era pero finalmente constaté que era el olor a café  que había en el aire. Un aroma que aplacaba el típico olor a tinte mezclado con el olor a laca, champú o suavizante. Su olor era el de una cafetería que sirve café recién hecho. Me atendió una chica nueva en prácticas que sustituía a mi peluquera habitual  que se ve que estaba disfrutando de sus vacaciones de invierno.
Una vez protegida por una bata negra satinada me dispuse a sentarme para gozar de mi esperado tiempo para mí mientras transformaban mi aspecto. Nada más sentarme me pregunta la chica nueva “¿Quiere un café, un cortado, un capuchino, un té?” a lo que respondí con un escueto “No gracias” pero al momento  apareció delante de mí  un café nespresso en un vasito pequeño de plástico blanco. Lo dejé en la repisa.  A partir de cierta hora del día no tomo café pero ella eso no lo sabía. Al momento me empezó a invadir con revistas y más revistas como si fuera un kiosco ambulante: Hola, Marie Claire, Lecturas, Elle, Vogue, Mía, Mente Sana… y un sinfín de títulos más “¿Quiere una revista? Son todas nuevas de esta semana” a lo que me contesté otro “No gracias” pero hizo oídos sordos a mi cortés repuesta y me dejó sobreélas rodillas 3 de esas revistas encima del libro que tenía previsto abrir para leer en ese momento y añadió  “mejor lea una revista que es más entretenido” y empezó a hacer maravillas con mi pelo mientras no dejaba de hablar y hablar de nada en concreto y de todo en general. Me abrumó, me estresó, me cansó hasta el punto que deseé que se callara por culpa de un dolor de garganta o algún mal menor que la obligara a cerrar su boca y así neutralizar el sonido de su voz que me impedía oír mis propios pensamientos. Mis 2 anheladas horas de tranquilidad, paz y sosiego se transformaron en 2 horas de agobio y mal estar.
En el momento de pagar el importe era de 1 € más de lo que normalmente acostumbro a abonar y yo ni corta ni perezosa pregunto “¿Y este euro de más?” a lo que me respondió  “¿en qué cafetería le sirven un café, le dejan leer una revista nueva, le dan conversación por solo 1 euro? ¿A qué es genial todo lo que se lleva puesto y disfrutado solo por 1 euro de más?  ¿Que día le vuelvo a reservar hora?” a lo que respondí “el  día que vuelva de vacaciones María me parecerá genial”
Igual era una estrategia de marketing para afianzar las clientas asiduas y  que no tuvieran la tentación de irse a probar fortuna a la recién inaugurada competencia,  tal vez todo era una iniciativa de la chica nueva en practicas pero a mi no me gustó dejar de tener mis 2 preciadas y esperadas horas libres. Además me cobraron 1 € de más por recibir algo que ni pedí ni agradecí.  Sin lugar a dudas me espero a que vuelva María, mi peluquera de siempre,  para ver si recibo el servicio de siempre al precio de siempre ¿sino que sentido tiene seguir yendo a la peluquería de siempre si dejan de tratarme como siempre? Ningún sentido, ninguno.

14 comentarios:

A-B-C dijo...

Las peluquerías son muy cómodas por las razones que expones, a mi me da perezón ponerme con mi pelo habiendo cosas más interesantes a las que dedicar el tiempo. Siempre he tenido la sensación de que en las peluquerías me quieren vender la moto, salvo en la de toda la vida -debe haber sido una experiencia al borde del trauma jejejeje-

Besos,

natsnoC dijo...

O sea que eres de esas antipáticas que prefieres leer o incluso pensar a charlar educadamente...

Vaya, vaya... pues como yo. A veces pienso si no seré antipático, pero la verdad es que conversar con los taxistas, con el peluquero, con el de al lado en la sala de espera, ... no, no me apetece. Me llevo mi libro y leo.

Clementine dijo...

A mí incluso me parece una eternidad estarme dos horas enteras en la peluquería. Claro que tampoco lo necesito, lo que juega mucho a mi favor...
Y lo que no me parece nada bien es que te cobren el euro sin más y encima sin querer tú café ni revista. Y sin preguntarte antes. Muy mal.

Layna dijo...

A-B-C. Lo de las peluquerías es como todo en esta vida, de tanto en tanto se tiene que ir para mantener una imagen socialmente agradable.

natsnoC. A veces pienso que soy una persona poco sociable. Pero es que a mí hablar de Piqué con Sakira no me interesa lo más mínimo y si tengo tiempo libre prefiero gastarlo en algo más productivo como leer o pensar.

Clementine. Mujer, 2 horas tampoco debe ser…más o menos. El caso es que hoy en día o llevas el pelo a lo chico o necesitas retoques de tanto en tanto ¿no? Siii lo del euro es cómico

El Tirador Solitario dijo...

Ja,ja, ja,divertidísimo Layna, estás en un momento dulce de escritura, y tienes toda la razón del mundo, ese rato era estupendo y te lo han fastidiado.
A mi me gusta el olor de las peluquerías, me pasa como el protagonista de aquella peli, "El marido de la peluquera".
Yo en mi caso voy a la barbería, y lo mismo me animo, porque hay también hay tema...
¡Un abrazo!

Maeglin dijo...

Pásate a las de caballeros. En la mía huele a after shave varón dandy, pero el silencio es cuasi monacal.

miquel zueras dijo...

En la "pelu" donde solía ir mi tía Montse (con una peluquera clavadita a Loles León) te ofrecían el Diez Minutos, café... ¡y hasta cigarrillos! Eran otros tiempos. Borgo.

PEPE CAHIERS dijo...

A mi la gente excesivamente servicial me da cierta desconfianza porque muchos de ellos, tarde o temprano, terminan pasándote factura. Hace años tenía la costumbre de acudir a un barbero que pelaba como una cabra comiéndo rastrojos, pero era un tío bastante simpático y no me importaba.

Mr. Dupin dijo...

El peluqero era una parte desagradable de mi vida (odio que me toquen el pelo, menos asi como tu lo relatas)hasta que descubri la maquina, cinco minutos y a otra cosa,. ¡Y hasta me cobran menos!

Clementine dijo...

"Pelaba como una cabra comiendo rastrojos"...
¿Me puedo quedar con esta expresión, Cahiers? ¡Es auténtica!

PEPE CAHIERS dijo...

Toda suya, amiga Clementine.

Layna dijo...

Tirador Solitario. Pues anímate, anímate con el tema de la barbería que así nos enteramos las chicas lo que se cuece por ahí. Terreno no acostumbrado por nosotras.

Maeglin. Uy no, el olor a Varón Dandy no me gusta nada de nada ni a cambio de un silencio sepulcral :-)

Miquel Zuerras. Pues lo de los cigarrillos, en mi caso, habría sido motivo para no ir ...

Pepe Cahiers. Exactamente lo mismo pienso yo Pepe, si alguien es demasiado servicial por algo será. Me da sensación de desconfianza

Mr. Dupin. Una buena solución lo de la máquina, sí señor.

Y mi Clementine se pide una frase y el caballero de Pepe va y se la regala.. ¡GENIAL!

La novia era yo. dijo...

Hola Sibila: ya me comentó el Tirador que este artículo estaba genial y es cierto, muy chulo tu blog, yo también sufrí una mini crisis vital cuando mi peluquera de siempre cerró su establecimiento, estuve un par de años peregrinando aquí y allá hasta que logré dar con un sitio y una peluquera en concreto a la que no tengo que contarle mi vida y milagros.
Genial Sibila.

Layna dijo...

La novia era yo. Pero que alegría verte por aquí!!! como me gusta que me leas y que me comentes. Me alegro que me entiendas con lo de la peluquería, al menos veo que no soy un bicho raro... Vuelve cuando quieras que serás bienvenida!!!