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22 de febrero de 2011

Vidas enlazadas ( I )



Ángeles

Se escapaba de la cocina donde su madre insistía en que debía ayudarla a pelar cebollas. A ella no le gustaba llorar sin motivo. Cuando nadie la veía se escabullía por la puerta trasera y corría hacia la catedral rápida como una gacela. Tenía 8 años, sus ojos oscuros daban brillo a su cara  de ángel  de un modo especial. 

Florencia florecía, sus calles estaban invadidas por  gente dispar que le impedía el paso pero ella flanqueaba todos los obstáculos mientras corría para llegar lo antes posible a su refugio. No le gustaba llevar esa larga falda,  tan pesada.  No entendía por qué  no podía ponerse pantalones como su hermano.

Isabella era una niña curiosa, vivaz, espabilada, escurridiza. Solo  permanecía quieta cuando entraba en el Duomo. Allí estaba Angelo pintando los frescos  de la cúpula. Siempre llegaba acalorada por la carrera, con la respiración entrecortada, agitada y con el pelo revuelto pero, justo antes de abrir la enorme puerta de madera, se calmaba, se peinaba con las manos, se arreglaba la falda y,  solo entonces, ya más serena,  entraba en el templo  y notaba la paz que allí reinaba. El aire era fresco, olía a cera quemada…Todo ese ambiente le provocaba fascinación. 

- Hola princesa- le dijo Angelo. Ella respondió con una gran sonrisa. 
A Isabella le gustaba el fresco que ahora estaba pintando Angelo. Cada vez le gustaba más. ¡Por fin los ángeles tenían rostro! No entendía por qué Angelo pintaba todos los detalles del cuerpo antes que dibujar el rostro.

 -¿Y la sonrisa? – dijo Isabella- ¿Dónde está la sonrisa de los ángeles?

 -¿Y tú cómo  sabes que los ángeles sonríen?

- Porque los veo allí. ¿Acaso tú no los ves? Ahora están sentados al lado de la ventana mirando  cómo pintas. Ponles una sonrisa. No querrás que estén tristes ¿Verdad?  . Comentó Isabella mientras se sentaba debajo de la gran cúpula a mirar cómo Angelo añadía unas cuantas pinceladas.

 -¿Así princesa?

Angelo se estaba acostumbrado a variar sus cuadros  a partir de las sugerencias de aquella alegre chiquilla. No sabía por qué pero ella le decía cómo tenían que ser sus pinturas para que fueran simplemente perfectas.

 - Siiii - dijo entusiasmada Isabella mirando la cúpula del Duomo.

7 comentarios:

A-B-C dijo...

Los niños tienen ojos y curiosidad inmensos así pueden ver lo que a los adultos se nos escapa. Hermoso relato

Clementine dijo...

Sí, Layna, es un bonito relato. Y un bonito personaje éste de Isabella.

haideé dijo...

:) Muy sutil tu visión de un mundo dominado por los hombres, si :)))
Cuantas más...
Conozco Santa María dil Fiore así que pude ver perfectamente a los ángeles sonriendo :))) Y si no hubiera sido así con tus palabras también lo hubiera logrado ;)))
Un abrazo

Layna dijo...

A-B-C y Clementine. Ayyy que haría yo sin mis amigas del blog que me animan tanto y tanto!!! Pues este es mi prime relato y me daba un "ay" colgarlo en el blog pero viendo que os ha gustado me alegra haberlo hecho! Mirar la vida como un niño o como un turista es algo que intento hacer cada día...Ayuda a ver la vida con ilusión.

Haidée. Pues no era mi intención dar esa visión de un mundo dominado por los hombres pero ahora que lo dices puede tener ese punto de vista... la de interpretaciones que puede tener un escrito :-) Gracias y más gracias por el cumplido de poder ver lo ángeles a través de mis palabras aunque los reales siempre son los mejores. A mi me gustaron mucho cuando los vi en su día. Un abrazo

JLin™ dijo...

Pues ale, a colgar más porque este está muy bien, me gusta que la niña vea cosas que el resto de la gente no puede o no sabe ver :-)
¡¡A por otro!!

Layna dijo...

Se intentará JLin, se intentará! Yo creo que la niña ve cosas que los demás (adultos) les cuesta ver pero que si se esfuerzan un poco pueden volver a ver.

Clementine dijo...

Ah, pues en eso estoy yo. Que no hay nada como tener ilusión... e imaginación, que también ayuda.