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12 de noviembre de 2010

Tiempo para pensar. Halcón


Un rey recibió como obsequio dos pequeños halcones y los entregó al maestro de cetrería para que los entrenara.
 Al cabo de unos meses el maestro le informó al rey que uno de los halcones estaba perfectamente, pero que el otro se comportaba de forma muy extraña. No se había movido de la rama donde lo dejó, desde el día en que llegó.
 Al día siguiente, desde su ventana, el monarca pudo observar que el ave aún continuaba inmóvil. Como nadie sabía decirle lo que le ocurría al halcón, el rey decidió anunciar a todo el pueblo que ofrecería una recompensa, a la persona que hiciera volar al halcón.
 Al día siguiente el rey se asomó de nuevo a su ventana y vio con asombro que el halcón estaba volando. ¿Quién ha hecho este milagro? Preguntó el rey, -traedlo inmediatamente a mi presencia.
 Al cabo de unos minutos le presentaron a un campesino. El rey le preguntó: ¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres mago? El campesino un poco atemorizado por la situación, respondió tímidamente. 
-Fue fácil mi rey, solo corte la rama y el halcón voló. Parece como si de pronto se diera cuenta de que tenía alas y empezó a volar.
Fábula de autor desconocido

4 comentarios:

JLin™ dijo...

Preciosa fábula, todos necesitamos ese campesino que corte la rama del árbol y nos haga ver que tenemos alas :-)

Petrarca dijo...

Tiene un fondo trágico el asunto porque la mayoría de las veces sólo la necesidad y la visión directa del abismo hace que despleguemos nuestro potencial. La única urgencia debería ser la sed de felicidad.

jordim dijo...

la felicidad está cara..

Layna dijo...

El primer y último propósito de esta vida tendría que ser la felicidad, la propia felicidad y la de los que nos rodean. Cada uno la encuentra de una manera distinta. No pienso que este cara, va al precio que tiene que ir. Si fuera fácil o barata de conseguir no sería un bien tan preciado. La necesidad, la sed en general nos hace saltar al abismo sabiendo que justo en ese momento en que estamos a punto de perder el control de la situación, nos crecerán las alas y saldremos airosos de la situación. Es así, siempre es así pero hace falta tener la valentía de asomarse al precipicio sin saber si las alas “van a estar a la altura” o no
Gracias a los tres y a ti jordim bienvenido a mi blog.